El Límite de la Tentación

No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.

1 Corintios 10:13

Las tentaciones son inevitables. Día tras día se nos presentan cosas tentadoras ante nuestros ojos. Es cierto que en nuestra propia debilidad muchas veces caemos ante la tentación. Si Dios permitiera que nuestras tentaciones fueran mayores que nuestra resistencia a ellas, entonces no habría ninguna posibilidad de evitar el pecado. Sin embargo, Él solo permite que seamos tentados hasta nuestro punto de resistencia. Y no solo eso, junto con la tentación Dios nos da la salida a la misma. Está en nosotros decidir si caemos o superamos la tentación.

Toda mi vida he sido un fiel amante de los postres. Me han fascinado los helados, flanes, tres leches y mi favorito el tiramisú. Pero sobre mi vida siempre pendía un flagelo: la diabetes. Mi padre murió a los 58 siendo un diabético. Yo he alcanzado su edad y aún me siento y parezco lucir joven. Yo tenía apenas 2 años cuando murió mi padre, por lo que no tengo recuerdo alguno de él; pero siempre escuché a la gente al referirse a él llamarlo  el viejo Francisco. De niño me imaginaba que mi padre me engendró siendo un anciano; pero ahora entiendo que probablemente su condición de diabético lo hacía ver mayor de lo que era y por eso lo llamaban el viejo Francisco.

La mayoría de los hijos de mi padre han padecido de ese flagelo. La más joven de mis dos hermanas murió a sus cuarenta tempranos de un coma diabético dejando 9 hijos en la orfandad. El mayor de mis hermanos también falleció siendo diabético y los dos restantes han sobrevivido por años inyectándose insulina. Ante ese cuadro, y a pesar de mi pasión por los postres, los panes y las papas, he tratado de cuidarme para no caer en las mismas que el resto de mi familia.

En diciembre de 2013 me puse muy mal y tuvieron que llevarme de emergencia a un hospital cercano a mi casa. Mi presión arterial estaba muy alta al igual que los niveles de azúcar en mi sangre. Desde entonces mi médico principal me ordenó llevar un control diario del azúcar en mi sangre y minimizar el consumo de carbohidratos a fin de prevenir que yo caiga en la diabetes.

Desde entonces he podido comprobar en mi propia vida lo que significa 1 Corintios 10:13. He estado sometido a la tentación de comer cosas que siempre me han gustado; pero me he restringido de hacerlo para preservar mi salud. De que quisiera comerme un rico helado de vainilla con caramelo después de una deliciosa ensalada de papas, no cabe duda. Pero Dios ha permitido que soporte la tentación y no lo haga. Después de todo, es por mi bien.

En lo espiritual te puedo decir que cada día estaremos sometidos a tentaciones. Dios nos dará un escape siempre y no seremos tentados por encima de nuestros límites. En nuestras manos está caer o no; pero nos conviene no caer y mantener así la salud de la relación con nuestro amado Padre Celestial. Dios te bendiga.

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