Vida Nueva en Cristo

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

2 Corintios 5:17

Aceptar a Jesucristo como Señor y Salvador es verdaderamente borrón y cuenta nueva. Al recibir la salvación, Dios nos perdona y borra nuestros pecados. Entonces pasamos a tener una nueva vida partiendo desde cero. Toda nuestra vida anterior llena de pecados debe quedar atrás y, en lo adelante, nuestros hábitos y nuestra forma de hablar debieran ser distintos. Es un nuevo nacimiento, por lo tanto, todo debe ser nuevo porque lo viejo quedó en el pasado para siempre.

En Juan 3:3 dice el Señor: Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Es un requisito nacer de nuevo para ver el Reino de Dios. Esto implica que las cosas no pueden permanecer iguales que antes de conocer al Señor cuando nos convertimos a Él. Es necesario morir al viejo hombre o la vieja mujer y nacer como una nueva criatura, tal como dice 2 Corintios 5:17.

Debemos vestirnos del nuevo hombre como dice Efesios 4:24: y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. Este nuevo hombre es hechura de Dios, no nuestra. Es obvio que nuestra humanidad carece de la justicia y la santidad de la verdad que requiere Dios. Eso demuestra además nuestra incapacidad para salvarnos por nuestros propios méritos.

Nuestras obras no son capaces de hacer esa transformación que nos convierte en una nueva criatura. Dice Romanos 7:6: Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra. La gracia de Dios nos libera de las obras muertas que no nos conducen a ver el Reino de Dios. Y solo esa gracia es lo que permite que adquiramos esa nueva naturaleza.

En Mateo 9:16-17, el Señor ilustra con dos ejemplos por qué debe haber renovación: Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.

Cuando adquirimos la salvación a través de nuestro Señor Jesucristo, incluso nuestro nombre será nuevo. Dice Apocalipsis 2:17: El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.

E incluso el cielo y la tierra serán nuevos como dice Apocalipsis 21:1: Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. En Cristo somos hechura nueva y todo habrá de ser nuevo, dejemos atrás todo lo viejo y disfrutemos de lo nuevo para siempre. Dios te bendiga.

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