Heme Aquí, Envíame a Mí

Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.

Isaías 6:8

Los hijos de Dios somos Sus manos y Su boca sobre la Tierra. Toda obra para expandir el Reino de Dios y alcanzar a los perdidos es parte de nuestra tarea. Debemos dar por gracia lo que por gracia hemos recibido. Todavía hay millones de seres humanos alrededor del mundo quienes jamás han escuchado el mensaje de salvación. No esperemos que Dios envíe ángeles a predicar el evangelio, esa labor es para nosotros. Por tal razón, si Dios te llama a compartir las buenas nuevas de salvación, solo dile: “Heme aquí, envíame a mí.”

Hoy existen iglesias cristianas muy grandes las cuales constan de miles de miembros. La mayoría de los miembros de las iglesias grandes y pequeñas no se sienten aludidos con respecto a ser enviados a predicar. Se sienten muy cómodos sentados escuchando el sermón del pastor, de quien piensan es el único con responsabilidad de compartir el evangelio con los perdidos.

Y mientras muchos cristianos están obesos de tanta comida espiritual, en muchas partes del mundo muere gente de inanición espiritual. Dice Lucas 10:2: Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. La cosecha espiritual de almas está lista, pero faltan obreros que la recojan. El Señor invita a orar para que el Padre envíe obreros a recoger la mies; pero hay quienes ni siquiera se detienen a orar por esta causa. Antes bien buscan que oren por sus propias necesidades únicamente.

Como dije anteriormente, en el mundo mueren cada día muchas personas sin haber escuchado nunca hablar de Jesucristo. Romanos 10:14-15 dice: ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?  Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!

Otra vez Dios nos habla con referencia a alcanzar a los perdidos. El verso anterior, es decir Romanos 10:13 dice: porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. Pero si nadie les habla acerca de lo que Jesucristo hizo en la cruz por cada ser humano, esas personas podrían perder su salvación al no tener la oportunidad de escuchar las buenas nuevas del evangelio y tomar la decisión de aceptarle a Él.

Cuando yo le entregué mi vida a Jesucristo pude darme cuenta de que de no haberlo hecho estaba perdido si moría sin tomar esa decisión. Eso despertó en mí un inmenso deseo de compartir con otros las buenas nuevas de salvación. Sé que Dios no me ha salvado para que yo permanezca impasible viendo a la gente morir sin Cristo y yendo directo a pasar la eternidad en el infierno.

La mies es mucha, faltan obreros que prediquen el evangelio de la paz. Si ya conoces al Señor, ¿qué esperas para ser uno de esos obreros? Dios me está llamando y te está llamando a ti que me escuchas o lees este mensaje. Yo decidí responder al llamado, ¿Lo harás tú también? Dios te bendiga.

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