Nuestra Fe Vence al Mundo

Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.

1 Juan 5:4

En el mundo espiritual, el elemento clave para obtener la victoria es la fe. En los cuatro evangelios se puede ver claramente que la presencia o ausencia de fe marcaba la diferencia entre la ocurrencia o no de un milagro. Por otro lado, el mundo natural está mayormente opuesto a las cosas de Dios. Lo contrario a la fe es la duda y en el mundo, la incertidumbre es el pan de cada día. La única forma de vencer las cosas del mundo es por medio de nuestra fe.

Voy a compartir una historia que recibí en un mensaje hace algún tiempo. Una pobre y triste mujer entró a una tienda de abarrotes. Se acercó al dueño de la tienda, y de una manera muy humilde le preguntó si podía fiarle algunas cosas. Hablando suavemente, explicó que su marido estaba muy enfermo y no podía trabajar, que tenían 7 hijos y necesitaban comida. El dueño de la tienda, se burló de ella y le pidió que saliera de la tienda.

Ante las necesidades de su familia, la mujer insistió: “Por favor señor, le traeré el dinero tan pronto como pueda.” El dueño le dijo que no podía darle crédito, y que se fuera. Junto al mostrador había un cliente que escuchó la conversación. El cliente se acercó al mostrador y le dijo al dueño que el respondería por lo que necesitara la mujer para su familia. El dueño no muy contento con lo que pasaba, le preguntó de mala gana a la señora si tenía una lista. Y la señora dijo: “¡Sí señor!”

“Está bien,” le dijo el vendedor, “ponga su lista en la balanza, y lo que pese la lista, eso le daré en mercancía.” La señora pensó un momento con la cabeza baja, y después sacó una hoja de papel de su bolso y escribió algo en ella. Después puso la hoja de papel cuidadosamente sobre la balanza. Los ojos del dueño se abrieron con asombro, al igual que los del cliente, cuando el plato de la balanza que contenía el papel bajó hasta el mostrador y se mantuvo abajo. El dueño, mirando fijamente la balanza, decía: “¡No puedo creerlo!”

La señora sonreía mientras el abarrotero empezó a poner la mercancía en el otro plato de la balanza. La balanza no se movía, así que siguió llenando el plato hasta que ya no cupo más. Finalmente, quitó la lista del plato y la vio con mayor asombro. No era una lista de mercancías. Era una oración que decía: “Señor mío, Tú sabes mis necesidades y las pongo en Tus manos.” El dueño le dio las cosas que se habían juntado y se quedó de pie, frente a la balanza, atónito y en silencio. La señora le dio las gracias y salió de la tienda. El cliente le dio al dueño un billete de 50 dólares y le dijo: “Realmente valió cada centavo.”

No sé si esta historia es real o ficticia, lo cierto es que no me sorprendería en absoluto que haya ocurrido. La señora obtuvo la victoria sobre la opinión del mundo por la fe que tuvo en que Dios iba a cubrir sus necesidades. Pon tu fe en acción, confiando plenamente que vas a obtener la victoria. Recuerda que Dios conoce tus necesidades; pero solo se moverá a tu favor conforme a la medida de tu fe. Dios te bendiga.

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