El Limpiador del Alma

Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.

Marcos 11:25

Así como el primer producto que aplicamos en nuestra cara es un limpiador, nuestra alma necesita, antes que nada, ser limpiada. El limpiador del alma es el perdón y debemos de usarlo todo el tiempo, aplicándolo cada vez que veamos una impureza causada por alguna ofensa recibida. Jesús, al enseñarle a orar a Sus discípulos, les advirtió lo que dice Marcos 11:25. No te acuestes nunca sin antes haber pedido perdón a quienes ofendiste y sin haber perdonado a quienes te ofendieron. Si así hicieres, el resultado será un sueño placentero y pacífico, sin pesadillas ni insomnio.

La piel del rostro es la que está más expuesta al polvo y contaminantes ambientales, factores que la llenan de impurezas, irritan y hacen susceptible al envejecimiento prematuro si no se tiene una higiene adecuada. Por ello, la limpieza facial debe ser imprescindible en tu rutina de belleza. Para lograr una limpieza facial exitosa sólo tienes que humedecer tu rostro con un poco de agua tibia, posteriormente aplicar un producto cosmético adecuado para tu tipo de piel y enjuagar.

¿Por qué necesitamos limpiar la piel? En primer lugar es importante eliminar las secreciones de sudor y sebo producidas por nuestro organismo a lo largo del día, así como la suciedad procedente del exterior y, en el caso de las mujeres, los restos de cosméticos que hayan empleado durante el día. Los preparados cosméticos de limpieza que utilicemos deben respetar el pH de la piel y no resultar irritantes ni provocar reacciones alérgicas.

Igual que la piel del rostro, el alma humana está expuesta al polvo de las ofensas y a la contaminación del chisme. Así nuestra alma se va llenando de impurezas que nos irritan y hacen susceptibles en convertirnos prematuramente en viejitos cascarrabias. La limpieza de nuestra alma con el perdón debe ser parte de nuestra rutina diaria. Igual que limpiamos nuestra cara antes de dormir, limpiemos nuestra alma perdonando las ofensas que nos hicieron durante el día.

¿Por qué debemos limpiar nuestra alma con el perdón? Porque debemos eliminar las secreciones de amargura y resentimiento producidas por nuestro ser durante el día como consecuencia de las ofensas recibidas. De igual manera debemos de aplicarnos a nosotros mismos la limpieza del perdón por nuestros propios errores y librarnos de continuar con la culpa. El perdón que otorguemos debe respetar el balance de nuestra relación con nuestro ofensor y no debe darse de mala gana para evitar irritar al prójimo.

Muchas personas viven una vida miserable solamente por negarse a perdonar ofensas recibidas en un pasado cada vez más distante. Si eres una de esas personas quiero darte dos noticias. La primera es que, probablemente, tu ofensor ha olvidado lo que te hizo y posiblemente la ofensa tan solo permanece viva en ti. La segunda noticia es que perdonar te hará más bien a ti que a nadie, mientras que tu falta de perdón no le hará más daño a tu ofensor que el que te hace a ti. Dios te bendiga.

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