El Humectante del Alma

Orará a Dios, y éste le amará, y verá su faz con júbilo; y restaurará al hombre su justicia.

Job 33:26

Al limpiar nuestra cara, no sólo estamos quitando los residuos de maquillaje o suciedad adquirida del medio ambiente, sino que arrastramos también la humedad natural del rostro y lo dejamos seco como un desierto. Entonces, nos hace falta aplicar un segundo producto, un hidratante o humectante. De igual manera, nuestra alma limpiada por el perdón necesita ser hidratada con la oración. Si no hidratas la piel de tu rostro, éste se marchitará. Así, si no oras, tu alma se reseca; pero a medida que confías en Dios, el afán y la ansiedad desaparecerán porque aprendes a descansar y esperar en el Señor.

La hidratación natural de la piel se debe a la combinación de aminoácidos, que son componentes de las proteínas, degradados por la urea que produce el hígado en conjunto con los electrolitos del organismo. El efecto de este proceso es la producción suficiente de lípidos que nutren a las células y generan el aspecto saludable y lozano de la piel. La piel pierde humedad, textura y sensibilidad debido a condiciones climáticas; durante la sudoración e inclusive a causa de la contaminación ambiental.

Para mantener la piel hidratada los humectantes faciales también conocidos como hidratantes son parte de la rutina de limpieza diaria que los dermatólogos recomiendan. Son sustancias que contienen la cantidad necesaria de aceites emolientes y humectantes que crean una fina capa para proteger y llenar con lípidos los espacios entre células. Los humectantes evitan la pérdida de agua, cubren grietas, protegen y calman la piel, brindan nutrientes que el organismo no está produciendo y reponen la pérdida de agua e ingredientes que la retienen como la glicerina.

Al igual que la piel, el alma pierde la humedad de la confianza y la textura de la paciencia como consecuencia de las pruebas diarias. Para mantener el alma hidratada, la oración es ese humectante que crea una fina capa de presencia divina y llena con el aceite del Espíritu Santo los espacios vacíos que provocan las frustraciones de una vida sometida a la incertidumbre de la espera. La oración repone la pérdida de esperanza y renueva la confianza en las promesas de nuestro amado Padre Celestial.

La oración es nuestra comunicación directa con nuestro Creador, quien siempre tendrá su oído presto para escucharnos. Cuando llamamos por teléfono a algún familiar o amigo, algunas veces no recibimos respuestas y debemos dejarle mensajes en el correo de voz. Otras veces, escribimos correos electrónicos cuyas respuestas tardan semanas en llegar a nosotros. También nuestros mensajes de texto parecen no llegarle a nuestro contacto, a pesar de que lo vemos en línea.

Sin embargo, nada de eso sucede con Dios, tan pronto doblamos nuestras rodillas para orar, Él nos dedica toda Su atención y Sus respuestas nos llegarán en el momento oportuno. El “teléfono” de Dios nunca sonará ocupado, tampoco nuestras oraciones llegan a Su buzón de “correo no deseado” o Él dejará de estar en línea. Su disponibilidad es de 24 horas, 7 días a la semana. Oremos y nuestro mensaje llegará. Dios te bendiga.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s