Recibiendo Poder de lo Alto

Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

Hechos 1:8

Antes de ascender al cielo, el Señor Jesús dio unas instrucciones a Sus discípulos: quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto (Lucas 24:49). La expansión del Reino de Dios es la Tierra requiere de la manifestación de Su poder. Y solamente de lo alto, del mismo cielo, puede provenir poder suficiente para testificar acerca de Jesucristo con milagros, maravillas y señales. No basta con predicar la Palabra de Dios, sino que se hace necesario ser ungido por el Espíritu Santo, quien es el responsable de darnos el poder de lo alto.

Durante Su ministerio en la Tierra, Jesucristo hizo una demostración de poder. Cuando los discípulos de Juan el Bautista fueron a indagar sobre Jesús, su respuesta fue mostrar ejemplos de poder. Lucas 7:22-23 dice: Y respondiendo Jesús,  les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí.

De esa misma manera es que Él espera que se predique el evangelio. No estamos para hacer menos que eso. Jesús profetizó que sus seguidores harían obras incluso mayores que las Suyas. Dice Juan 14:12: De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. Jesús no iba a permanecer todo el tiempo en la Tierra; pero las necesidades continuarían existiendo. Por lo tanto, después de Él, los cristianos debían estar facultados para curar enfermos, echar demonio y resucitar muertos.

El evangelio de poder no viene de nuestras habilidades o porque hayamos adquiridos un par de doctorados en teología. Los discípulos recibieron ese poder el día de Pentecostés a través del Espíritu Santo. De esta manera, un simple pescador como Pedro fue capaz de predicar un mensaje tan contundente que convirtió a miles de persona, con decir una palabra hizo caminar a un cojo y sanaba a los enfermos con su sombra. Era imposible que el mismo Pedro que negó tres veces al Señor o se acobardara al caminar sobre las aguas hiciera tantos prodigios, maravillas y señales de haber carecido del poder de lo alto.

Del mismo modo, Pablo expandió el evangelio entre los gentiles gracias a ese mismo poder. Él mismo lo afirma en Romanos 15:18-19: Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles, con la palabra y con las obras, con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo.

Hoy día se hace necesario que el evangelio sea llevado a las naciones con poder. Los corazones de mucha gente se han endurecido de tal manera que hay quienes se sienten más poderosos que Dios. De otro lado, muchos cristianos se han conformado solo a ir a un templo a escuchar un sermón. Busquemos el poder de lo alto. Dios te bendiga.

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