Creer, la Clave para Obrar Milagros

De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.

Juan 14:12

El tiempo que el Señor Jesús estuvo en la Tierra fue breve. Y mucho más breve fue Su ministerio, el cual ocupó menos del diez por ciento de su vida terrenal. En esos tres años caminando por Judea, Samaria y Galilea, Jesucristo obró numerosos milagros. ¿Se acabarían los milagros luego de Su ascensión al cielo? Por supuesto que el Señor no desea que se acaben.

Luego de que Jesús se sentara a la diestra del Padre ha continuado habiendo ciegos, cojos, endemoniados, mudos y enfermos de múltiples males. Hay enfermedades que la ciencia médica moderna es incapaz de curar. Pero para Dios nada es imposible. Si algunas veces ocurren milagros de sanidades y otras no, la diferencia se debe a que unos creen y otros no. Definitivamente que los milagros ocurren cuando creemos.

Voy a contarle una historia de una mujer que conocí en la iglesia donde recibí al Señor. En esa época, ella contaba con menos de 40 años, era bonita, simpática y llena de vida. Un día que fue a un examen médico de rutina, su doctor le dijo que le tenía muy malas noticias. Le habían descubierto un cáncer en estado muy avanzado. El médico le dijo muy fríamente que estimaba que le quedaban tan solo 6 semanas de vida. Cuando ella escuchó la noticia, le contestó al doctor: “¿Quién es usted para decirme lo que me queda de vida? El único que sabe el día y la hora de mi muerte es mi Padre que está en los cielos. Yo no he sentido en mi espíritu que deba irme ahora.” El doctor le dijo sonriendo: “Veo que eres una mujer de fe, eso está muy bien porque vas a necesitar mucho de esa fe en los días que vienen.”

La mujer tomó la decisión de creerle a Dios en lugar de creer el dictamen de la ciencia médica moderna. Ciertamente que ella fe sometida a los diversos tratamientos que se les da a los pacientes de cáncer. Fue sometida a cirugía y le aplicaron quimioterapia y radioterapia. Durante sus sesiones de quimioterapia muchas veces los efectos secundarios la hacían sentir morirse; pero ella sacaba fuerzas de donde no tenía para ir donde los otros pacientes a predicarles el evangelio.

Las seis semanas pasaron y esta mujer continuaba viva. Los médicos no aseguraban su vida y tuvo episodios en los cuales la muerte rondó cerca de su cama. Sin embargo, ella permaneció creyendo firmemente que Dios obraría un milagro de sanidad en su cuerpo y asimismo sucedió. De ser diagnosticada con cáncer terminal, ella pasó ser sobreviviente de tan terrible enfermedad. Al quedar completamente curada, ella se dedicó a compartir su testimonio con pacientes en la misma condición y ministrar sanidad en ellos.

La historia que te cuento no la saqué de la Biblia ni me la inventé. Hablo de una mujer de carne y hueso a quien conozco personalmente y con quien he compartido en mi casa y en la iglesia. Si ella creyó y le fue hecho el milagro, ¿no crees que podría pasar contigo también? Cree que vas a recibir tu milagro y que serás usado para llevar a cabo milagros en otras personas. Dios te bendiga.

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