Tu Fe te Ha Salvado

Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora.

Mateo 9:22

La salvación solo es posible por medio de la fe. Quien carece de fe no obtendrá absolutamente nada en esta vida. Pero lo peor de todo es que la carencia de fe podría acarrearle no recibir salvación sino morar eternamente en un lugar de perdición. Quien busca salvarse primero debe tener la fe para creer que la obtendrá. Hay que tener la fe de la mujer del flujo de sangre, como dice Mateo 9:21: porque decía dentro de sí: Si tocare solamente su manto, seré salva.

En los evangelios, Jesús le dijo a cuatro personas las mismas palabras: tu fe te ha salvado. Estas personas fueron: la mujer pecadora (Lucas 7:50), la mujer del flujo de sangre (Mateo 9:22 y Lucas 8:48), el leproso (Lucas 17:19) y el ciego de Jericó (Marcos 10:52 y Lucas 18:42). La mujer pecadora hizo su demostración de fe ungiendo los pies del Señor con perfume. La mujer del flujo de sangre demostró su fe tocando el manto de Jesús. El leproso y el ciego confiaron que el Señor podía sanarlos y así sucedió.

La fe es necesaria para salvarnos, de eso no cabe la menor duda. No podemos pretender ser salvos en medio de la duda. Tampoco es posible obtener la salvación utilizando cosas distintas a la fe para lograrlo. Ni nuestras obras, ni creernos buenos o dignos, ni nuestra buena suerte o el dinero, ni ser populares y admirados por el mundo. Nada de eso nos garantiza la salvación. Tampoco nos salvamos por ser miembros destacados de una iglesia particular o provenir de una familia de abolengo. Solo la fe en Jesucristo nos da la seguridad de que somos salvos.

La Escritura es muy clara al respecto. Dice 1 Pedro 1:5: que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. Y continúa diciendo 1 Pedro 1:9: obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas. La fe nos guarda para alcanzar la salvación. Esa misma fe tiene el propósito específico de salvar nuestras almas. De modo que la Biblia establece meridianamente que la fe es el vehículo que nos conduce hacia la salvación.

Hemos visto que tanto Jesús como Pedro afirman el papel que desempeña la fe en nuestra salvación. Pablo lo reafirma en Efesios 2:8-9: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Nos salvamos por gracia; pero por medio de la fe. Y para que no quede dudas, Pablo indica en Efesios que la salvación es un regalo, un don de Dios y que nuestras obras no nos sirven para nada.

Ahora que conoces que necesitas la fe para salvarte, me podrías preguntar: ¿fe en qué o en quién? ¿Me puedo salvar si tengo fe en mis habilidades y en mí mismo? La fe que te salva es la fe en Jesucristo. Y fe significa confiar ciegamente. Demuestra tu fe entregando tu corazón, tu vida a Jesucristo. Deja que Él conduzca tu destino. Te aseguro que habrás hecho la mejor decisión de tu vida y ganarás vida eterna. Dios te bendiga.

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