Sanos Gracias a Jesucristo

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Isaías 53:5

Muchos ya saben que Jesucristo murió en una cruz como chivo expiatorio por los pecados de todo el mundo. Sin embargo, antes de morir, Él fue sometido a latigazos que dejaron su cuerpo molido, ensangrentado y lleno de llagas. Ese castigo tan cruel tuvo un propósito: curar nuestras enfermedades. Y es que Jesús no solo vino a salvarnos sino también a sanarnos: salvar nuestras almas y sanar nuestros cuerpos.

Fui bastante enfermizo durante mi niñez. Recuerdo que mi madre me enumeraba la larga lista de enfermedades que padecí. A los tres años de edad tenía el peso normal de un niño de 6 meses. A partir de ese tiempo, fui un asiduo visitante de los hospitales a tal punto que me vi al borde de la muerte varias veces. Las amigas de mi madre le decían que yo no alcanzaría a cumplir los 10 años.

Esa predicción de que yo no superaría mi primera década no fue correcta. Ya he cumplido varias veces 10 años y las secuelas de mis múltiples enfermedades infantiles no existen. Y a pesar que yo no me reconcilié con Dios sino cuando mi edad estaba a mitad de los cuarentas, Su amor y Su cuidado para conmigo nunca estuvo ausente de mi vida. Puedo asegurar que no me curaron las medicinas que me daban sino que Isaías 53:5 se cumplía en mi vida en cada una de mis enfermedades.

Me podrías preguntar que cómo me atrevo a dar seguridad de que he sido sano conforme a Isaías 53:5 en lugar de la ciencia médica moderna. Pues te puedo dar como muestra un simple botón. Alrededor del 2004 fui diagnosticado con sordera en mi oído derecho. Para los médicos, la sordera es irreversible. Sin embargo, Dios hizo un milagro de sanidad en mí y hoy mis dos oídos están en perfecto estado, lo cual ha sido debidamente certificado por los propios doctores.

Y como me ha pasado, también hay numerosos ejemplos de sanidades divinas en muchos lugares del mundo. Te voy a enumerar unos cuantos ejemplos de milagros de sanidad en los cuales Dios ha utilizado a uno de sus siervos, el pastor Augie David, quien es mi amigo personal: una mujer curada de úlceras y tumores en Iquitos, Perú; otra mujer curada de una condición en su piel en Oklahoma; un niño autista curado en Perú; una mujer curada de dolores de piernas y cadera en Puerto Rico; mujer en Pennsylvania curada de artritis, bursitis y escoliosis; un hombre en India curado de una condición nerviosa incurable. Estos son solo algunos ejemplos de un solo siervo de Dios y día a día los milagros de sanidad siguen ocurriendo.

No todas las terapias modernas son tan efectivas como pretenden ser. De hecho, muchos tratamientos médicos conllevan más hacia desastrosos efectos secundarios que a soluciones definitivas para las enfermedades. En otros casos, te pueden decir fríamente que ya nada se puede hacer. En cualquiera de esos casos recuerda lo que dice Isaías 53:5: Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Dios te bendiga.

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