El Nuevo Hombre

Y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

Efesios 4:24

Estrenar ropa nueva es algo muy placentero. Es muy rico el olor que sale de nuestros vestidos cuando los usamos por primera vez. La textura de la tela es diferente a la de la ropa usada que ya ha sido lavada varias veces. Uno se siente diferente y los demás se dan cuenta de que llevamos ropa nueva. En lo espiritual, cuando estamos en Cristo, debemos procurar vestirnos con el nuevo hombre y disfrutar del olor a Dios que sale de nosotros, así todos se darán cuenta de que hay algo nuevo en nosotros.

Hace más de una década conocí a un joven colombiano llamado Carlos, quien tuvo un encuentro personal con el Señor. Estando en su primer amor con Jesucristo, Carlos le compartió las buenas nuevas de salvación a su tía Lucía, con quien vivía. A su vez, la tía hizo lo propio con su esposo Ángel y los tres se convirtieron en asiduos asistentes al mismo grupo celular al cual yo asistía.

Recuerdo muy bien a don Ángel en sus comienzos en el evangelio. Él era el conductor de un autobús escolar y, como buen puertorriqueño, era muy amigo del chiste y tenía un gran sentido del humor. Muy pronto se integró al servicio en la iglesia como ujier y se ofrecía también para manejar el autobús que llevaba a los miembros de la iglesia a los retiros. Lo que no le gustaba era involucrarse mucho en el estudio de la Palabra aludiendo que él no era de mucho estudiar.

Unos años más tardes yo dejé de congregarme en esa iglesia y un tiempo después Carlos también se movió junto a su familia hacia otra iglesia. Pasó un tiempo y un día me encontré con don Ángel en una tienda y nos pusimos a conversar. Quedé impactado del nuevo don Ángel que tenía frente a mí. Si bien aún conservaba su jovialidad y su buen sentido del humor, el nuevo hombre tenía una gran madurez espiritual y disfrutaba buscar la presencia de Dios.

Hoy don Ángel ya no está entre nosotros pues se fue con el Señor; pero guardo muy grato recuerdo de él, especialmente de ese encuentro que tuvimos aquel día en la tienda. Yo pude ver en él de primera mano el significado de Efesios 4:24. Definitivamente que la transformación de don Ángel no vino de él mismo sino que fue la creación del mismo Dios en la justicia y santidad de la verdad.

Así como pasó con don Ángel debe pasar con todo aquel que tiene un verdadero encuentro con Dios. En el libro de Éxodo se narra que la cara de Moisés reflejaba la gloria de Dios luego de descender del Monte Sinaí. No somos iguales antes y después de Cristo y eso es algo que la gente va a notar cuando nos convertimos a Él. Naturalmente que quien nos hace nuevos es Dios no nosotros mismos.

¿Qué aportamos nosotros al nuevo hombre? Nuestra disposición a ser transformados, nuestra renuncia a seguir siendo nosotros mismo y dejar que sea Cristo quien conduzca el tren de nuestra vida. Mientras ofrezcamos resistencia a ser cambiados, seguiremos con la ropa vieja. Dejemos pues de resistirnos y estrenemos al nuevo hombre. Dios te bendiga.

 

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