Propósito de la Ley de Dios

De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.

Gálatas 3:24

Si la Ley de Dios nos deja muy claro que no podemos justificarnos delante de Él, es muy probable que alguien piense que Dios ha sido muy cruel con la humanidad al poner un estándar inalcanzable. La verdad es que Dios es bueno y nos da una mejor salida. Cuando nos damos cuenta que no podemos hacer algo por nosotros mismos, lo lógico es que busquemos a alguien que lo haga por nosotros. El propósito de la Ley de Dios es llevarnos a los pies de la cruz de Cristo para ser justificados por fe.

Dos de los más grandes evangelistas norteamericanos han entendido muy claramente lo que está escrito en Gálatas 3:24. Dwight L. Moody (1837-1899) dijo lo siguiente: “La Ley solo puede perseguir a un hombre hasta el Calvario, no más lejos.” Mientras que Billy Graham (1918- ) expresó: “El Espíritu Santo nos redarguye. Nos muestra los Diez Mandamientos; la Ley es el ayo que nos conduce a Cristo.”

Ayo se define como la persona encargada de criar y educar a un niño. El ayo es la persona que en una casa acomodada se encarga del cuidado y la educación de los niños. Es decir, es la persona encargada de la custodia o la crianza, el que conduce a los niños. De acuerdo a la definición, las funciones del ayo incluyen criar, educar, cuidar, custodiar y conducir.

De acuerdo a lo que escribe el apóstol Pablo en Gálatas 3:24, el propósito de la Ley de Dios como ayo está más relacionado con educar, custodiar y conducir. La Ley nos educa en relación a lo que Dios considera pecado. Toda violación de la Ley es una ofensa contra Dios. Por lo tanto, no puede ser otra cosa que un pecado. La Ley como estándar de Dios, es nuestro custodio hasta el día que tomamos la decisión por fe de ser amparados por la gracia. Es por eso que la misma Ley nos conduce de la mano hasta Cristo.

El pastor inglés John R. Stott (1921-2011) dijo lo siguiente: “No podemos venir a Cristo para ser justificados mientras no hayamos ido primero a Moisés para ser condenados.” La Ley de Dios nunca nos va a encontrar inocentes sino culpables. Por lo tanto, como dice Stott, Moisés nos condena. Es imposible que alguien pase la prueba de la Ley que Dios entregó a Moisés en el Monte Sinaí.

Si leemos Éxodo 20:3-17 nos daremos cuenta de que a lo largo de nuestra vida hemos violado sistemáticamente los Diez Mandamientos. Y ante el veredicto de culpabilidad que nos baja del Sinaí, solo tenemos un camino para librarnos del castigo que merecemos, subir a otro monte, el Calvario y llegar hasta los pies de Cristo. Nuestras obras nos condenan irremediablemente, pero la salvación viene por vía de Jesucristo por gracia y mediante la fe en Él. No hay otra alternativa posible.

Si has pasado toda tu vida intentando guardar los mandamientos con la esperanza de ganarte el cielo, lamento decirte que vas por el camino equivocado. La Ley te prueba que no mereces ir al cielo. Pero no todo está perdido para ti si decides aceptar el precioso regalo de salvación que te da Cristo. Te invito a entregar tu corazón a Jesucristo hoy porque tú no sabes si tendrás un mañana. Dios te bendiga.

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