Cuidando el Testimonio

Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas? Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas de los ídolos, ¿cometes sacrilegio?

Romanos 2:21-22

Romanos 2:21-22 es una llamada de atención para todos, pero fundamentalmente para aquellos que hemos sido llamados a compartir la Palabra de Dios. Personalmente, yo sería un verdadero hipócrita si me declarara libre de culpa en cuanto a fallarle a Dios. Cada vez que comparto con los demás uno de mis mensajes, soy el primero a quien debe ser aplicado cada uno de ellos. Y este mensaje de hoy no es la excepción. Aclaro esto para que, quien se sienta aludido por lo que trataremos hoy no lo tome como una crítica, ya que yo mismo estoy siendo confrontado también.

Analicemos lo que dice Romanos 2:21-22 y tratemos de aplicarlo internamente a nosotros mismos. Vemos que primero dice: Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Si el maestro no entiende la lección, ¿cómo la explicará a sus alumnos? No es posible que enseñemos a alguien en la Palabra de Dios sin que la enseñanza no llegue primero a nosotros. Como dije al principio, cada mensaje que escribo y envío me da primero una gran lección de vida cristiana a mí mismo. Hay algunos de ellos que me han hecho revisar mi vida muy seriamente.

Lo siguiente de Romanos 2:21-22 tiene que ver con el cumplimiento de la Ley de Dios: Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas? Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas de los ídolos, ¿cometes sacrilegio? Hay un dicho que dice que algunos predican la moral en calzoncillos para referirse a quienes dicen que no se haga algo, pero ellos mismos están violando lo que dicen. Y ciertamente, muchos hemos caído en error semejante.

Cuidar el testimonio es muy importante porque la mayoría de las personas que escuchan el mensaje de la Palabra de Dios a quien miran es al mensajero y tratan de ver si hace lo que predica. Mucha gente no se convierte a Cristo porque dicen que el testimonio de los cristianos que conocen no les convence. Y aunque no hay ninguna garantía de que un buen testimonio convenza a alguien de que necesita la salvación, el motivo principal de mantenerlo es que somos embajadores de Cristo y debemos representarlo dignamente.

Ahora bien, quien comparte la Palabra no es un ángel que bajó del cielo sino un ser humano como todos los demás, con virtudes y defectos. No podemos tener una máscara frente a los demás fingiendo ser lo que no somos. Es lamentable ver religiosos que tratan de presentarse como santos a sus congregaciones cuando llevan una vida privada bastante cuestionable. Eso es una franca hipocresía, es ser como los fariseos.

¿Haber caído nos descalifica para servir a Dios? La respuesta es no porque si así fuera, nadie serviría. La Biblia muestra transparentemente como fueron los hombres y mujeres de Dios. Entre ellos: el borracho Noé, el mentiroso Abraham, el manipulador Jacob, el iracundo Moisés, el adúltero y asesino David, el depresivo Elías, el negador Pedro, el incrédulo Tomás y el perseguidor Pablo. Y todos ellos le sirvieron. Dios te bendiga.

 

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