La Ley y el Evangelio

Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.

Romanos 5:20-21

Donde no existen reglas claras nadie está en falta. Sin embargo, cuando se establecen las reglas, toda violación a ellas implica una falta de parte de quien lo haya hecho. La introducción de la Ley de Dios a través de los Diez Mandamientos implicó el establecimiento de lo que es el pecado. Todo lo que sea contrario a lo que dice la Ley constituye una ofensa contra Dios. En contraste, el evangelio de la gracia conduce a la justicia para vida eterna por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Por siglos, muchos predicadores estuvieron conscientes de la importancia de enfatizar en la Ley antes de dar las buenas nuevas del Evangelio a los no creyentes. Martín Lutero dijo: “El primer deber del predicador del evangelio es declarar la Ley de Dios y mostrar la naturaleza del pecado.” También dijo lo siguiente: “En su verdadera obra y esencia correcta, prepara a un hombre, si usa la Ley correctamente, para anhelar y buscar la gracia.”

El predicador inglés Charles Spurgeon (1834-1892) dijo: “La Ley debe hacerlos morir antes de que puedan ser vivificados por el Evangelio.” Y otro predicador británico, Martyn Lloyd-Jones (1899-1981) dijo: “El verdadero evangelismo siempre debe comenzar con la predicación de la Ley.” Ambos coinciden en el mismo punto que siglos antes que ellos había expresado Lutero. La predicación de la Ley prepara el camino para aceptar la gracia.

Un pastor norteamericano de este tiempo, Jerry Cross, también se ha expresado en forma semejante cuando dijo: “Mientras más aprendamos a ver lo profundo de nuestro pecado, más vemos la profundidad de la gracia de Dios.” Lamentablemente, en nuestros días, la mayoría de los predicadores enfatizan en la conveniencia de que nuestros problemas terrenales se resuelven al convertirnos a Jesucristo, en lugar de hablar del único problema que resolveremos cuando tomamos esa decisión.

Voy a ser muy honesto contigo que me escuchas o lees este mensaje. Si estás buscando el rostro de Dios porque estás desempleado, porque tienes problemas familiares, porque estás deprimido o tienes muchas deudas, no te garantizo que convirtiéndote a Cristo vas a resolver todos esos problemas. Sin embargo, si sé que cuando mueras dejarás de tener cada uno de esos problemas. La cosa es que hay otro problema mayor que todos esos juntos con el cual te enfrentarás al morir. Ese problema es ¿qué pasará después de ahí?

La Ley de Dios te confronta y te declara pecador y tu destino final es el infierno, a menos que te arrepientas y aceptes a Jesucristo y obtengas, por gracia, la vida eterna. Voy a finalizar con las palabras del teólogo norteamericano Lewis Sperry Chafer (1871-1952): “Nadie en la Tierra, tiene autoridad, ni derecho, de perdonar pecados, nadie pudiera perdonarlos, excepto Jesús, que es el único contra quien todos hemos pecado.” Que el Espíritu de Dios te dé convicción de pecado y aceptes la gracia. Dios te bendiga.

 

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