La Prioridad de Dios

Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.

Lucas 15:7

Para Dios la prioridad es que todos se salven y que nadie se pierda. El infierno no fue diseñado para albergar seres humanos sino a los ángeles caídos que se rebelaron junto a Lucifer y fueron expulsados del cielo. Si algún hombre o alguna mujer terminan pasando la eternidad en el infierno no es porque Dios haya querido enviarlos allí sino porque esas personas rechazaron acogerse a la amnistía de la gracia y no se arrepintieron de sus pecados. Dios anhela que todo ser humano se arrepienta y se convierta a Él.

Si hay gozo en el cielo cuando se arrepiente un pecador, quien se considere cristiano debe tomar la evangelización como una gran prioridad en su vida. Obviamente, no se trata de que ganemos cada alma a la cual prediquemos sino que le prediquemos a cada alma que se cruce en nuestro camino. Como dijo el misionero norteamericano Norman R. Lewis: “La evangelización del mundo no consiste en traer todo el mundo a Cristo, sino en llevar y ofrecer a Cristo a todo el mundo.”

Para mí es inconcebible haber sido tocado por la gracia de Dios y no compartir con otros las buenas nuevas de salvación. Quedarse de brazos cruzados viendo a millones de personas morir sin haber asegurado su salvación es un acto totalmente egoísta. El gran predicador inglés Charles Spurgeon lo dijo de este modo: “Si usted no desea que los demás puedan ser salvos, entonces usted no está salvo, ¡tenlo por seguro!”

Lucas 15:7 dice que hay mayor gozo en el cielo por un pecador arrepentido que por noventa y nueve que no necesitan arrepentirse. Eso quiere decir que para Dios tiene mayor prioridad el arrepentimiento de los pecadores que la alimentación espiritual de los que ya están salvos. El predicador británico nacido en Zambia Stephen F. Olford (1918-2004) dijo: “Un predicador que esté satisfecho con dar de comer a los creyentes ya demasiado alimentados mientras el mundo pagano se va al infierno, nunca ha entendido el llamado de Dios a predicar el evangelio a toda criatura.”

Como creyentes podemos hacer muchas cosas que son bíblicamente correctas. La oración es importante porque es nuestra vía de comunicación con Dios. La alabanza y la adoración son formas de honrar a quien nos ama con amor eterno. Imponer manos sobre los enfermos o hacer guerra espiritual también son partes de nuestra tarea como cristianos. Congregarnos y tener comunión con el resto del cuerpo de Cristo es también algo que se espera de nosotros.

Sin embargo, sin que dejemos de hacer tales cosas, hay un mandamiento del Señor para todo creyente. Ese mandamiento está en Marcos 16:15-16: Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Evangelizar, predicar el evangelio a todo ser humano no es un asunto opcional sino un mandato.

Cuando predicamos el evangelio, no estamos llamados a torcerle el brazo a los demás para que se arrepientan y conviertan a Cristo. Nuestra misión consiste en entregar el mensaje, el que creyere será salvo y el que no creyere será condenado. Es la decisión de cada quien aceptar o rechazar el regalo de salvación. Nuestra obligación es presentarle la opción de Dios para que esa persona no perezca sino que tenga vida eterna. Dios te bendiga.

 

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