Depender de las Obras de la Ley es Maldición

Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.

Gálatas 3:10

Hay personas que todavía se consideran buenas y que sus obras pueden llevarlas al cielo. Gálatas 3:10 da un golpe contundente a quienes piensan así cuando dice: todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición. Fallar la Ley en un punto es equivalente a violarla totalmente. Una simple “mentira piadosa” significa ser culpable por quebrantar los Diez Mandamientos. Pero la cosa es todavía mucho peor porque de acuerdo a Deuteronomio 27:26: Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para hacerlas.

Lo que nos dicen tanto Gálatas 3:10 como Deuteronomio 27:26 es una voz de alerta para todo ser humano. Si todavía no estábamos convencidos de que las obras de la Ley no nos salvan; si dudábamos que fuera cierto que la Ley nos da conocimiento del pecado, leer estos dos pasajes bíblicos debería hacernos temblar de miedo. Ambos coinciden en afirmar que quien depende de las obras de la Ley está bajo maldición.

La Ley de Dios no es mala, lo malo es quebrantarla. Desafortunadamente para nosotros, es imposible cumplir cabalmente con el requisito de la Ley. En tal sentido, quien depende de ella para justificación va a perder la salvación. Y si la salvación es una bendición, lo contrario es una maldición. Y lo contrario a la salvación es la perdición. El mandato de permanecer en todas las cosas escritas en el libro de la Ley es lo único que nos libra de la maldición. Pero nosotros no somos capaces de permanecer en toda la Ley, así que, por esa vía, la maldición está garantizada.

Debo aclarar un punto importante, obedecer la Ley de Dios no es perjudicial ni tampoco nos lleva a maldición. El problema es nuestra incapacidad de obedecerla al cien por ciento, lo cual nos hace culpables de violarla toda cuando quebrantamos un simple punto. Y cuando nos convertimos en violadores de la Ley, entonces somos culpables, lo cual nos asegura el castigo correspondiente. La violación de la Ley de Dios se llama pecado y la condena para el pecado es la muerte.

Solamente ha vivido en la Tierra un hombre que jamás quebrantó la Ley de Dios: Jesucristo. Sus 33 años sobre la superficie de nuestro planeta los vivió sin haber pecado una sola vez. Y, sin tener culpa, Él ocupó el lugar por nosotros. Gálatas 3:13 dice: Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero). El castigo por nuestros pecados los recibió Él, pagando la deuda que nos correspondía a cada uno de nosotros.

El pastor norteamericano Paul David Tripp (1950- ) dijo: “Debes comprometerte a obedecer a Dios, no como un pago por tu pecado, sino como una celebración del pago que ya se hizo.” Ese pago lo hizo Jesús muriendo en la cruz por ti, por mí y por el resto de la humanidad. Su muerte fue para sustituir la nuestra por causa de los pecados de todos. Él se hizo maldición por nosotros y nos dio redención.

Depender de las obras de la Ley es maldición, pero Jesús cumplió la Ley completamente y tomó sobre Sí tus culpas, tus pecados y tu maldición. Ahora que lo sabes, que no te salvaría por la Ley, lo único que puedes hacer es arrepentirte de tus pecados, entregarle tu corazón a Jesucristo y aceptar Su regalo de salvación y vida eterna. Dios te bendiga.

 

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