El Amor de Dios al Mundo

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Juan 3:16

Me parece que en la época en la cual vivimos se hace más difícil entender el amor de Dios tal como lo expresa Juan 3:16. Y es que ahora cada quien anda en busca de sacar ventaja de las relaciones. Casi nadie es capaz de entregar lo que más aprecia por amor. Las conveniencias personales han sustituido al amor desinteresado. Más bien cada quien pregunta qué voy a obtener a cambio en lugar de aportar algo de sí mismo. Pero lo que dice Juan 3:16 es la expresión más nítida de la palabra amor.

Para entender la manera en que Dios ha amado al mundo, tenemos que buscarlo en la propia Escritura. En 1 Corintios 13:4-7 leemos: El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Tal como lo describe este pasaje bíblico es el amor de Dios hacia el mundo.

El amor de Dios al mundo es sufrido. La entrega de Su Hijo para que muriera en una cruz por los pecados de todo el mundo es un vivo ejemplo de sufrimiento para cualquier padre o madre. Imagina que tuvieras que entregar a tu hijo o tu hija a una muerte segura solo para poder salvar a otros. Esa muerte del fruto de tus entrañas te haría sufrir mucho. ¿No crees que Dios sufrió cuando Jesús fue crucificado? Y todo eso fue solamente por amor a ti, a mí y a toda la humanidad.

Como continúa diciendo 1 Corintios 13, el amor de Dios es benigno, sin envidia, sin jactancia y sin vanidad. Dios, el Todopoderoso, el Creador de todo lo que existe, nos ha amado sin presumir de ese gran amor. Como dueño de todo, Él no tiene nada que envidiarle a nadie. Pero tampoco hace alardes de ser Rey y Señor absoluto de la creación y ha puesto toda Su gran bondad para beneficio de todos nosotros.

El amor de Dios por el mundo ni hace nada indebido ni busca lo suyo. Todo lo que ha hecho Dios ha sido con el único propósito de buscar nuestro bienestar, no el suyo. Él pudo haber buscado castigar nuestra maldad, pero prefirió darnos la oportunidad de recibir perdón enviando a Su Hijo a recibir el castigo que nos merecíamos. De tal manera amó Dios al mundo que buscó primero lo nuestro antes de buscar lo suyo.

El amor de Dios por el mundo ni se irrita ni guarda rencor. La humanidad, desde Adán hasta ahora, ha estado ofendiendo a Dios con el pecado. Y Él, en lugar de irritarse o guardarnos rencor por todas nuestras culpas, ha enviado a Su Hijo a morir por ellas. Dios podría guardar rencor a cada ser pecador sobre la Tierra. Sin embargo, Su respuesta a cambio ha sido el darnos la oportunidad de ser alcanzado por Su misericordia a través de arrepentirnos por todos nuestros pecados.

El amor de Dios por el mundo todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Dios sufre cada vez que pecamos contra Él, pero Él cree más en nosotros que nosotros mismos. Por eso, Él espera pacientemente por nuestro arrepentimiento. Incluso, Dios soporta cada día nuestro rechazo a Su Palabra y al sacrificio expiatorio de Su Hijo. ¿No crees que ya es el tiempo de reciprocarle un poco Su gran amor? Reflexiona en el amor que Dios tiene por ti. Arrepiéntete de tus pecados y acepta a Su Hijo como tu Señor. Dios te bendiga.

 

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