Guardar los Mandamientos

El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.

Juan 14:21

Todavía existe mucha gente que piensa puede alcanzar su salvación guardando los mandamientos. Sin embargo, la Biblia es muy clara al respecto y nos dice que la salvación es por gracia, no por las obras de la Ley. La pregunta entonces es ¿debemos guardar los mandamientos? La respuesta es sí, pero el motivo de guardarlos no es porque nos conduce a salvación. En Juan 14:21 Jesús dice que tener y guardar sus mandamientos es demostrar que lo amamos.

Una excelente aplicación sobre lo que dice Juan 14:21 es lo que dijo el gran predicador inglés Charles Spurgeon: “Si Cristo murió por mí, impío como soy, entonces no puedo vivir más en el pecado, sino que debo levantarme, amar y servir al que me ha redimido. No puedo jugar con el mal que ha dado muerte a mi mejor amigo. Debo ser santo por amor a Él mismo.” El acto de guardar los mandamientos es nuestra mejor respuesta a la salvación que obtenemos mediante la gracia.

Por otro lado, el escritor norteamericano Tullian Tchividjian (1972- ) dijo: “No puedes anular tu pecado al vivir observando la Ley. Nada puede remover el pecado excepto la gracia de Dios.” Y continúa diciendo Tchividjian: “La Ley nos trae de rodillas ante la gracia. El evangelio nos mantiene de rodillas en gratitud.” Lo que dice primero Tchividjian es justo lo que afirma la Biblia con respecto a que la Ley no es útil para perdonar los pecados. Pero nuestra gratitud hacia quien nos salvó sin merecerlo debe movernos a observar la Ley una vez somos salvos.

Debemos estar muy conscientes de algo con respecto a los mandamientos y la gracia. Primero que nada, la Ley demuestra claramente nuestra condición de pecadores. La aplicación de la Ley de Dios es implacable, quien viola un simple estatuto es culpable de todo. Por lo tanto, nadie resulta inocente en el juicio cuando se aplica la Ley. Eso imposibilita que alguna persona adquiera la salvación mediante el cumplimiento de la Ley.

Como Dios es un juez justo, Él no va a dejar el pecado, el cual es lo mismo que un crimen en Su contra, sin el merecido castigo. Si nos empeñamos en justificarnos a través de la Ley, sin lugar a duda seremos hallados culpables. Es por eso que alguien debe pagar por nuestros delitos y pecados. Jesucristo se ofreció a ser el chivo expiatorio sobre el cual se aplicara todo el peso de la Ley por nuestras culpas. En nosotros está decidir si aceptamos que Él pague por ellos o asumimos nosotros mismos nuestro castigo, el cual es la muerte eterna.

Si nuestra decisión es aceptar el regalo de amor de la gracia, no es posible que pretendamos continuar con nuestra vida pasada de espaldas a la Ley de Dios. El amor de Dios y la gracia nos deben mover a guardar Sus mandamientos. Ahí está el nuevo nacimiento, en abandonar la vida pasada de pecado y tomar el camino de la santidad. Decir que aceptamos la gracia y mantenernos practicando el pecado es una gran hipocresía y un engaño.

Aunque guardar los mandamientos no nos conduce a la salvación, una vez somos salvos por gracia, la misma Ley nos guía hacia la santidad sin la cual nadie verá a Dios. Una vez nos convertimos a Cristo, no es Dios quien está a nuestro servicio como muchos pueden pensar, somos nosotros que nos hemos transformados en Sus siervos y Sus hijos y, como tales nos vemos sujetos a Sus reglas no Él a las nuestras. Dios te bendiga.

 

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