Hasta los Demonios Creen en Dios

Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.

Santiago 2:19

Hay mucha gente que piensa que es suficiente con decir que creen en Dios. He escuchado muchas veces a personas decir la frase “Yo creo en Dios,” pero no saben definir claramente al Dios en el cual dicen creer. La razón es que dicen creer en Dios, pero no lo conocen. Y no lo conocen porque no han establecido una relación con Dios. Hasta los demonios creen en Dios y están sujetos a Él al punto que tiemblan ante Su presencia. Así que no basta meramente con decir que creemos en Dios.

La Biblia habla muy poco sobre “creer en Dios,” en su lugar, es más frecuente encontrar creer en Jesús, en el Hijo. Cuando creemos en Jesucristo, el Hijo de Dios, también estamos creyendo en Su Padre. Eso lo expresa el mismo Señor en Juan 12:44-45: Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió. Jesús es la imagen visible del Dios invisible, quien envió a Su Hijo a morir en una cruz en rescate de toda la humanidad pecadora.

Como dice Santiago 2:19, cualquiera, incluso los mismos demonios creen en Dios. Creer en Dios es aceptar Su existencia. En tal sentido, solo los que se denominan ateos o agnósticos rehúsan aceptar que Dios existe. Por lo tanto, si fuera suficiente con solo creer en Dios, solo quienes rechazan Su existencia estuvieran en falta. Sin embargo, a la luz de lo que dice Santiago, es obvio que si así fuera, los demonios se considerarían creyentes, lo cual sabemos que no es cierto.

Más que creer en Dios, la Biblia habla de confiar en Dios. Un ejemplo lo encontramos en Jeremías 17:7-8: Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto. Confiar en Dios es lo mismo que creer en Sus palabras.

Entonces la raíz del asunto no es el simple hecho de creer en Dios sino de creerle a Dios. Cualquier ser, sea humano o espiritual podría creer en Dios; pero creerle a Dios significa algo más que eso. Ciertamente que Dios se sentirá más ofendido con quienes no creen en Sus palabras que con quienes niegan Su existencia. No creer en Dios, como hacen los ateos, es ignorar que Él existe; pero no creerle a Dios es decirle mentiroso, es dudar de Su fidelidad, de Su seriedad y Su integridad.

La Biblia está llena de promesas para quienes han decidido creer en Dios. Con solo leer el Salmo 23 nos damos cuenta de algunas de ellas: nada nos faltará, nos hace descansar, nos pastorea, conforta nuestra alma, nos quita el temor, siempre está con nosotros, nos infunde aliento, nos suple el alimento, nos unge, Su bien y Su misericordia nos siguen y habitaremos en Su casa por la eternidad. En muchos otros lugares de la Biblia hay otras tantas promesas de nuestro Padre Celestial.

Ahora te digo a ti que dices creer en Dios, ¿por qué no le crees a Dios? ¿Por qué te rehúsas a creer que eres salvo por gracia? ¿Por qué te tiemblan las piernas ante la escasez? ¿Por qué te afanas y te cansas? ¿Por qué caminas con temor? ¿Por qué dices que estás solo? ¿Por qué te desanimas? ¿Por qué andas diciendo que las cosas están mal? No ofendas más a Dios con tu incredulidad a Sus promesas. No pienses que los ateos estén peor que tú porque cuando solo crees en Él y no a Él estás en el mismo lugar donde están los demonios. Dios te bendiga.

 

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