Nacidos de Él para Hacer Justicia

Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él.

1 Juan 2:29

La genética es la parte de la biología que estudia los genes y la transmisión de los caracteres hereditarios. Esos caracteres pasan de los padres hacia los hijos. Así, podemos recibir ciertos rasgos físicos de nuestros padres o abuelos y transmitirlos a su vez a nuestros hijos y nietos. En lo espiritual, cuando nacemos de nuevo del agua y el Espíritu vamos a recibir caracteres hereditarios de parte de nuestro Padre Celestial. Como Dios, nuestro Padre, es justo, nosotros nacimos de nuevo a través Suyo para hacer justicia.

No todos los caracteres se transmiten de padres a hijos ni siquiera a todos los hijos. Por ejemplo, mi abuela materna tenía los ojos verdes; pero mi madre, quien fue su única hija los tenía marrones. De los dos hijos de mi madre, solo yo heredé los ojos del color de mi abuela, mientras mi hermano los tiene del color de los de mi madre. De mis hijos, solo el menor heredó el color de mis ojos al igual que mis dos primeros nietos, a pesar de que ni mi hijo ni mi hija los tienen de ese color.

Dios tiene muchas cualidades y atributos. Su Hijo Jesucristo ha heredado todos los atributos y cualidades del Padre. Sin embargo, nosotros, como Sus hijos solo heredamos algunos de ellos. Sería una blasfemia decir que por ser hijos de Dios vamos a adquirir omnipresencia y omnipotencia. Tampoco podemos pretender ser infinitos y todopoderosos como es nuestro Padre Celestial. Pero sí somos llamados como herederos Suyos a ser santos, justos, fieles, benevolentes, misericordiosos y a amar como Él nos ama.

En Levítico 19:2 leemos: Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios. A través de Moisés, Dios demandó que Su pueblo de Israel fuera santo. Pero el requisito de santidad no se limita al pueblo escogido, nosotros, como hijos de Dios, somos también llamados a ser santos, como dice Hebreos 12:14: Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Sobre ser justo, es precisamente lo que nos dice 1 Juan 2:29.

Dios espera que le seamos fieles y no andemos tras otros dioses, lo cual está en el primer mandamiento de Su Ley: No tendrás dioses ajenos delante de mí (Éxodo 20:3). Y el Señor nos recuerda lo siguiente en Lucas 16:13: Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Como hijos de Dios, estamos supuestos a heredar Su fidelidad.

Dios es bueno y bondadoso y nos manda a no desmayar haciendo el bien, de la misma manera que Él hace. Gálatas 6:9 dice: No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Y de la misma manera que Dios es misericordioso, Sus hijos somos llamados a serlos también. Lucas 6:36 dice: Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.

Finalmente, sabemos que Dios es amor, por Su gran amor al mundo ha enviado a Su Hijo a morir en rescate de toda la humanidad. Y el propio Jesús nos dejó un mandamiento nuevo a todos. En Juan 13:34-35 leemos: Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. Demostremos pues nuestro ADN espiritual, de quien somos hijos ahora, amándonos los unos a los otros y haciendo justicia porque de Él hemos nacido. Dios te bendiga.

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