Si Amas a Dios, Ama a tu Hermano

Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.

1 Juan 4:20-21

Es una verdadera hipocresía decir que amamos a Dios mientras tratamos al prójimo con la punta del pie. Y algunas veces ese prójimo es un miembro de nuestra propia familia. Otras veces tratamos con mucho amor a los que llevan nuestra sangre mientras tratamos con desdén a los demás, incluyendo a los hermanos en la fe. ¿Cómo pretendemos amar a Dios si ignoramos a los que nos rodean? Ciertamente, Dios es real, Él existe y debemos amarlo con todo nuestro ser; pero ese amor se demuestra mejor cuando amamos a todos nuestros semejantes.

Textos bíblicos como 1 Juan 4:20-21 nos confrontan. Habrá personas quienes tratarán de negar que aborrezcan a su hermano. Podrán decir que tienen un sentimiento muy bello hacia todas las personas y que las llevan muy dentro de su corazón. Podrán decir que siempre se recuerdan de las fechas importantes de ellos y que les dan regalos o les sorprenden con algún detalle. Y todo eso podría parecer bueno; pero la Biblia establece amar como mandamiento, por lo tanto, si es algo que se ordena, quiere decir que tenemos decisión sobre ello, lo cual lo excluye de ser catalogado como un sentimiento.

La mejor manera de evaluar si estamos cumpliendo o no con el mandamiento de amar a los demás es medirnos con el estándar bíblico. La definición bíblica del amor está en 1 Corintios 13:4-7: El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Veamos qué tanto amas a los demás. ¿Sufres por amar o solo amas porque buscas ser feliz? ¿Hace tu amor sufrir a otros? ¿Te da envidia ver como aman a otros más de lo que te aman a ti? ¿Andas presumiendo de amar a los demás mientras tus actos dicen lo contrario? ¿Se te suben los humos a la cabeza por el amor que dices profesar por los demás? ¿Has hecho cosas indebidas en el nombre del amor? ¿Amas solo porque vas a obtener algún beneficio? ¿Te da coraje con quien amas y luego no le quieres perdonar?

La primera pregunta se responde con una de las dos alternativas, las otras se contestan con un sí o un no. Si has respondido que sí en cualquiera de ellas o escogiste la segunda alternativa en la primera pregunta, entonces no has pasado la prueba del amor según el estándar bíblico. Pero debes de continuar evaluando la calidad de tu amor con el resto de lo que dice 1 Corintios, capítulo 13.

Recuerda que la Biblia establece que el amor no se goza con la injusticia sino con la verdad. Evalúa si en lo que tú llamas amor has incorporado la mentira alguna vez o no has actuado con justicia en nombre del amor sino que te has inclinado a defender a una parte aunque carezca de razón mientras perjudicaste a la otra. Si te pesa sufrirlo todo por amor, si te cuesta creer en lo que te dicen, si detesta esperar y soportar, entonces estás reprobado.

No esperes a que te salga del corazón amar a los demás de la forma que dice 1 Corintios 13:4-7. El asunto no es porque lo sientas o no. Si amar es un mandamiento, tú decides si lo haces o no. No lo hagas porque el otro se lo merezca sino por obediencia. Dios te bendiga.

 

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