Nadie Va a Jesucristo si el Padre no lo Trae

Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.

Juan 6:44

Juan 6:44 es un texto bíblico que pudiera resultar confuso a mucha gente. ¿Cómo es posible que para llegar a Jesucristo sea necesario que el Padre lo traiga? ¿Entonces nadie puede llegar a Él por cuenta propia? Estas preguntas pueden traer profundas discusiones teológicas sobre si el hombre busca a Dios o es Dios quien nos busca y nos lleva a Cristo. Pero ciertamente que ningún texto bíblico está de más y las cosas de Dios no pueden ser llevadas al mero razonamiento humano sino ser miradas con los ojos de la fe.

En al menos tres pasajes bíblicos se establece que no existe nadie que busque a Dios. El apóstol Pablo dice en Romanos 3:11: No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Pablo hacía referencia a dos pasajes del Antiguo Testamento. El primero es Salmo 14:2-3: Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido, que buscara a Dios. Todos se desviaron, a una se han corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.

Algo semejante se encuentra escrito en Salmo 53:2-3: Dios desde los cielos miró sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido que buscara a Dios. Cada uno se había vuelto atrás; todos se habían corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno. No hay quien busque a Dios porque no hay quien entienda, todos nos hemos desviado y corrompido. Además, como nadie hace lo bueno, es imposible que andemos en busca de Dios.

Dios es santo y la santidad es incompatible con el pecado. Por eso, la humanidad pecadora huirá de la presencia de Dios, en lugar de buscarla. Muchos se engañan a sí mismos pretendiendo buscar de Dios. Lo malo de todo eso es que los métodos usados por el hombre para acercarse a Dios no son efectivos. Ni la religión, ni la filosofía ni la meditación que se centra en la búsqueda interior nos conducen a Dios. Hay un obstáculo muy grande entre la humanidad y la divinidad y ese obstáculo se llama pecado.

No podemos llegar a Dios por nuestra propia iniciativa, por eso, el mismo Dios es quien nos busca. El Señor nos dice en Juan 16:8-11 la forma como Dios opera en nosotros para darnos la oportunidad de llegar a Él: Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.

He aquí el misterio de Dios operando para nuestra salvación. El Espíritu Santo nos da convicción de pecados, nos convence de que somos seres inmundos alejados de Dios, quienes somos incapaces por nosotros mismos de acercarnos al Dios santo. Una vez nos humillamos delante de Dios, el Padre nos trae ante el Hijo, Jesucristo, quien tomó nuestro lugar en la cruz del calvario y murió por nuestros pecados. El Hijo nos redime, nos libera, nos salva y nos resucitará en el día postrero.

El amor de Dios hacia la humanidad no tiene límites. Su mayor anhelo es nuestra salvación. Él no quiere que nadie se pierda. Por eso, antes de que nosotros sigamos errando el blanco pretendiendo buscarlo por caminos equivocados, el propio Dios nos busca a través de Su Espíritu Santo para convencernos de nuestra iniquidad, de tal manera que el Padre nos lleve a los pies de la cruz y recibamos la libertad. Escuchemos Su voz. Dios te bendiga.

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