Nuestro Galardón en los Cielos

Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. Gozaos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres con los profetas.

Lucas 6:22-23

Las cosas de Dios parecen no tener ni lógica ni sentido cuando las analizamos humanamente. En lo natural, no resulta agradable ser aborrecido, apartado, vituperado y desechado como malo. Cuando cualquiera de esas cosas nos ocurre en la vida, uno se siente desgraciado y triste. Es poco probable que quien padezca algo semejante tenga deseos de hacer una fiesta y estar contento. Pero el Señor dice en Lucas 6:22-23: Gozaos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos.

En 2009 fui en un viaje misionero a Medellín, Colombia. Fue un viaje en el cual vi al Espíritu de Dios moverse con poder y autoridad por todos los lugares donde fuimos. Tengo muchas anécdotas de ese viaje; pero una de las que más me impactó fue la historia de Luis, un joven a quien conocí en una de las iglesias que visitamos y que luego nos siguió por todos lados al punto de que no se perdió ni uno solo de los servicios en los cuales ministramos.

Luis vivía en uno de los peores barrios de Medellín. Desde muy joven se vio involucrado en actividades delictivas dentro del mundo del narcotráfico. Su misión era la de suministrar las armas a los sicarios. De este oficio vivía Luis y sustentaba a su esposa y al resto de la familia. Sus ingresos podían superar holgadamente la media de su barrio y, por supuesto que a su esposa no le importaba el origen sucio de ese dinero con tal de satisfacer sus necesidades materiales.

Unos meses antes de nuestro viaje a Medellín la historia de Luis cambió radicalmente. Él tuvo un encuentro personal con Jesucristo y el Espíritu Santo le dio convicción de pecados. Luis se dio cuenta de que no podía ser cristiano y continuar la vida que llevaba. Entonces él decidió cortar de raíz con toda actividad delictiva y consagrar su vida al Señor mientras trataba de ganarse el pan de manera honrada.

El cambio de Luis no solo menguó sus ingresos, sino que trajo como consecuencia que su esposa empezara a aborrecerlo y a apartarse de él por causa de Jesucristo. A partir de su nuevo nacimiento en Cristo, Luis fue objeto de burlas y toda clase de vejaciones de parte de su familia y las personas más cercanas a él. Ya lo veían como el malo de la película por haber dejado atrás su pasado y abrazado la fe en el Hijo de Dios. Incluso mucha gente “piadosa” lo miraba con recelo por su trasfondo criminal y dudaban de su conversión.

En todo momento, Luis soportó todas esas pruebas creyendo en las promesas de que él y su casa serían salvos, como pasaría algún tiempo después. Como el caso de Luis hay muchos y el galardón en los cielos de quienes pasan con éxito las pruebas está más que garantizado. Yo pasé también por mis pruebas, como otras personas que conozco. Pero lo importante es creer más en lo que dice el Señor que en lo que dice la gente.

Tener un encuentro personal con Jesucristo y nacer de nuevo es la mejor experiencia que un ser humano pueda tener en su vida. Pasó con Luis, pasó conmigo y pasará contigo si abres tu corazón a quien te amó tanto que entregó Su vida por ti en una cruz. Cuando hagas eso, es muy probable que te conviertas en objeto de burla, igual que Luis, igual que yo. Pero no debes temerle a eso porque tu nombre ha sido inscrito en los cielos. Dios te bendiga.

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