Soldado de Jesucristo

Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente.

2 Timoteo 2:3-5

En todos los ejércitos del mundo, los soldados son sometidos a un entrenamiento muy fuerte. Nadie que haya pasado por las fuerzas armadas puede decir que no sufrió penalidades en su carrera. Si eso es en el plano natural, en el mundo espiritual el asunto no es muy diferente. Un soldado de Jesucristo va también a sufrir penalidades, no solo durante su entrenamiento, sino día a día. El entrenamiento militar es solo un juego de niños frente a la realidad de una guerra. El soldado de Jesucristo vive diariamente en una guerra.

El cantautor dominicano Juan Luis Guerra compuso una canción titulada “Soldado.” En una de sus estrofas dice la canción: “Soy un soldado, soldado de Cristo, muy bien armado y protegido, traigo una espada de doble filo, pues tu Palabra llevo conmigo.” La canción continúa diciendo: “Soy un soldado, lucho en ciudades contra tinieblas y potestades. Soy un soldado de testimonio, hollo serpientes y ato demonios en el nombre de Cristo.” Finalmente, la canción dice: “Soy un soldado, hombre de milicia con la coraza de su justicia. Soy un soldado, soy un ungido, rompo ataduras del enemigo en el nombre de Cristo.”

Todo soldado, una vez entrenado, sale a la batalla debidamente equipado con todo lo que necesita para luchar. El soldado de Jesucristo no es la excepción. Efesios 6:11 dice: Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. La armadura de Dios es el equipo de cada soldado de Cristo, como continúa diciendo Efesios 6:13: Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.

El soldado de Jesucristo no pelea contra seres de carne y hueso sino contra un ejército de espíritus inmundos. Efesios 6:12 dice: Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por lo tanto, nuestras armas deben ser adecuadas para nuestra lucha. En tal sentido, dice 2 Corintios 10:3-4: Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.

Un soldado de Jesucristo, al igual que uno de cualquier ejército de la Tierra ha sido dotado del poder y la autoridad concerniente a su investidura militar, Jesucristo, nuestro comandante en jefe lo dice en Lucas 10:19: He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. Entonces estamos listos para pelear ya que hemos sido entrenados, equipados e investidos de poder para la batalla, a fin de enfrentar el enemigo, el cual ha sido plenamente identificado.

No importa que recibamos heridas durante las batallas de cada día. Debemos seguir siendo fieles a quien nos reclutó como soldados. No nos enredemos con las cosas del enemigo, sino cuidemos de andar siempre pegados a nuestra disciplina como soldados de Jesucristo. No seas un desertor, porque a los desertores se les aplica la pena de muerte. Dios te bendiga.

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