La Misión del Siervo de Jesucristo

Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.

Hechos 26:18

La vida humana sobre la Tierra no es fácil. Los problemas son inevitables y a nadie les resultan agradables. Sin embargo, ninguno de nuestros problemas es mayor que vivir en tinieblas y bajo la potestad de Satanás. La misión del siervo de Jesucristo no es llevar a la gente a un estado de prosperidad y felicidad, sino de abrir sus ojos para que se conviertan de las tinieblas a la luz. Quien predique lo contrario a lo que dice Hechos 26:18 no está cumpliendo su tarea como siervo del Señor. Pero lo peor de todo es que está permitiendo que las almas se pierdan.

Muchos predicadores han entendido muy claramente cuál es su misión. Uno de ellos es el alemán Reinhard Bonnke quien ha dicho: “¡Pero el trabajo principal del evangelista es el de ganar almas para Cristo, no el de predicar a cristianos dormidos, y reavivar iglesias muertas!” He visto muchos cristianos que viven calentando bancos en las iglesias, las cuales no crecen porque nadie sale a las calles para pescar a los perdidos y llevarlos a Cristo. Los miembros de esas iglesias solo procuran engordar espiritualmente mientras le niegan el pan de la Palabra a los que no han conocido al Señor.

El predicador británico Martyn Lloyd-Jones (1899-1981) dijo: “Para mí, el trabajo de predicar es el más grande y el más glorioso llamamiento al que alguien puede ser llamado jamás.” Coincido plenamente con lo que dice Lloyd-Jones. Me he desempeñado en varias facetas durante mi vida. Entre ellas están: dirigir grupos musicales, ser ingeniero y científico, fungir como profesor e investigador universitario y servir al Señor. Y aunque ser músico o científico pudieran parecer oficios más prestigiosos, siento que predicar la Palabra de Dios a la gente es mi mayor privilegio.

Evangelizar es la tarea de mayor prioridad en una iglesia cristiana. El evangelista inglés David Watson (1933-1984) dijo: “Hacer otra cosa en la iglesia y no evangelizar es como reacomodar los muebles cuando la casa está en llamas.” La comparación de Watson tiene mucho sentido. El infierno arde en llamas esperando por aquellos que no llegan al arrepentimiento de sus pecados y mueran sin recibir el perdón y la gracia de Dios. Si esas personas no tuvieron la oportunidad de escuchar el plan de salvación por negligencia de la iglesia, nos hacemos culpables por su perdición.

Norman R. Lewis dijo una gran verdad: “El conseguir el perdón de Dios es la necesidad más urgente de cada persona en la Tierra.” Aunque mucha gente piense lo contrario, la solución a los graves problemas personales de cada uno no es nuestra mayor urgencia. De nada nos sirve llegar a resolver nuestros problemas económicos, relacionales o de salud si no prestamos atención a restaurar nuestra relación con Dios, la cual quedó rota por causa del pecado.

Nadie puede ganarse el cielo por mérito propio, todos hemos pecado y eso nos excluye de estar ante la presencia de un Dios santo. La paga del pecado es muerte y ese es nuestro destino a menos de alguien pague por nosotros la deuda. Jesucristo ya lo hizo en la cruz; pero para que la gracia te toque, debes arrepentirte de tus pecados y convertirte a Él. No hay ningún otro camino posible para alcanzar la redención. Recibe pues, por fe, tu herencia. Dios te bendiga.

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