La Condenación

Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.

Juan 3:19-20

La condenación no es producto únicamente de haber pecado. Si así fuera, todos estaríamos condenados porque todos hemos pecado. De hecho, por causa del pecado, todos estamos destituidos de la gloria de Dios. La única salida para escapar de la condenación la suministra el mismo Dios al enviar a Su Hijo Jesús, la luz, para sacarnos del poder de las tinieblas. Si aceptamos a Jesús vamos a escapar del castigo correspondiente por culpa de nuestros pecados. Pero cuando rechazamos a Jesús, estamos rechazando el perdón y aceptando la condenación.

El apóstol Pablo da una explicación detallada acerca de la condenación y la justificación en Romanos 5:16-19: Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.

El primer pecado trajo como consecuencia automática la condenación de la raza humana. Pero esta condenación no solo significó nuestra separación de Dios, sino que nos llevó a la esclavitud del pecado. Así, todos los hombres y mujeres hemos cometido múltiples transgresiones contra Dios. Por ese motivo, nadie puede ser justificado por sus propios méritos, sino que tal justificación es un don de Dios que se obtiene solo por gracia a través de la fe en Jesucristo.

Nuestro Señor Jesucristo nos muestra la única vía de escape de la condenación en Juan 5:24: De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. Cuando Jesús habla de pasar de muerte a vida, lo que quiere decir es que la condición natural del hombre es de muerte, no de vida. Como la paga del pecado es muerte y nuestra naturaleza es pecadora, no vivimos, sino que estamos  muertos, a menos que escapemos de nuestra condenación.

Hay que tener muy presente de nuestra verdadera condición. La salvación no es parte de nuestra naturaleza ni es algo que podemos ganar por cuenta propia. El pecado es parte de la herencia que nos transmite nuestra humanidad. Por lo tanto, lo único que tenemos garantizado desde nuestro nacimiento es la condenación. La única manera de obtener la salvación es aceptando a Jesucristo quien echó sobre sus hombros nuestra culpa para darnos las oportunidad de ser salvos.

Cuando rechazamos a Jesucristo estamos reafirmando nuestra condición de condenados. Es como si rechazáramos la clemencia que nos otorga un juez ante un delito que hemos cometido. Si no aceptamos la gracia salvadora y nos empeñamos en continuar haciendo las cosas a nuestro modo, estamos prefiriendo continuar en las tinieblas. ¡Cambiemos eso ya! Dios te bendiga.

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