Cristo Nos Redimió de la Maldición de la Ley

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero).

Gálatas 3:13

La Ley de Dios, los Diez Mandamientos, nos da conocimiento de que hemos pecado y somos merecedores de la muerte. Nadie puede ser justificado por medio de las obras de la Ley. En lugar de alcanzar salvación por medio de la Ley, lo que obtenemos es maldición. Solo Jesús nos redime de la maldición de la Ley. Él se ofreció a sí mismo como garante de nuestra salvación al convertirse en maldición conforme a lo que está escrito.

La Escritura citada en Gálatas 3:13 es Deuteronomio 21:22-23, la cual dice: Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte, y lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero, no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado; y no contaminarás tu tierra que Jehová tu Dios te da por heredad. Todos hemos cometido crímenes de muerte merecedores de ser colgados y hechos maldición; pero Jesús tomó nuestro lugar y se hizo a sí mismo maldición por nosotros.

Contrario a lo que algunos puedan decir, la Ley se hizo para cumplirse no para violarla. En Jesús se cumplió la Ley completamente. Gálatas 4:4-5 dice: Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Cuando estamos bajo la Ley, toda violación, por pequeña que parezca nos condena. Jesucristo vino a ocupar el lugar de cada ser humano para que el peso de la Ley cayera sobre Él y brindarnos la oportunidad de ser exonerados de nuestra culpa.

Pablo reafirma ese concepto en Romanos 8:3-4 cuando dice: Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. La Ley hace imposible que podamos salvarnos a nosotros mismos a causa de nuestra debilidad carnal. La justicia de la Ley solo puede cumplirse en nosotros a través del totalmente justo Hijo de Dios.

Cuando meditamos profundamente lo que dice la Biblia, podemos darnos cuenta de que no existe un solo ser humano capaz de decir que reúne méritos suficientes que le garanticen un lugar en el Reino de Dios. La verdad es que el pecado nos excluye de la presencia de un Dios santo y todos, sin excepción, hemos pecado. Dios, en su perfecta justicia no va a dejar ningún pecado sin su debido castigo y la paga del pecado es la muerte como está escrito. Entonces, quien quiera ser salvo por su propia justicia tiene prácticamente asegurada su exclusión de la presencia de Dios.

La verdadera redención viene del mismo Dios, quien envió a un ser perfecto, Su Hijo Jesucristo, para pagar por los pecados de toda la humanidad. En 2 Corintios 5:21 leemos: Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. La salvación no se trata de lo que podamos hacer sino de lo que ya Jesucristo hizo por nosotros en la cruz del calvario. Nuestra parte es arrepentirnos de nuestros pecados y dar un giro de 180 grados convirtiéndonos a Él. La salvación es un regalo, extiende tu mano y alcanza ese don maravilloso que te dará la vida eterna. Dios te bendiga.

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