Las Recompensas

El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá. Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.

Mateo 10:40-42

La Biblia contiene cientos de promesas de parte de Dios para los que andan conforme a Sus caminos. Muchas de las promesas divinas están condicionadas a nuestras acciones. Pero si cumplimos con nuestra parte, Dios es fiel para cumplir con la suya. Muchas veces nos quejamos de que no recibimos lo que Dios ha prometido en Su Palabra. Pero la primera pregunta que debemos hacernos a nosotros mismos es: ¿estamos nosotros cumpliendo con nuestra parte? Una de las promesas de Mateo 10:40-42 es que recibiremos recompensa de profeta, pero, ¿hemos recibido al profeta como tal?

En 1 Reyes 17:8-24, la Biblia narra una historia que es el fiel cumplimiento de las palabras de nuestro Señor Jesucristo en Mateo 10:40-42. La historia de 1 Reyes se refiere al profeta Elías y a la viuda de Sarepta. En esos tiempos, la tierra de Israel y sus alrededores sufrían una gran sequía y tampoco había mucho para comer. El profeta Elías fue recibido como tal por una viuda muy pobre, quien recibió a su vez la recompensa de profeta en forma de milagros. El aceite y la harina nunca escasearon en la casa de la viuda y su hijo fue resucitado.

Cuando no cumplimos con nuestra parte de la promesa, nos vamos a perder la recompensa. Yo conozco el caso de un hombre que recibió en su casa a un gran siervo de Dios quien estaba muy enfermo. El hombre habló con su esposa para tenerlo en su casa mientras el siervo de Dios recibía asistencia médica de un especialista cuyo consultorio estaba cerca de su hogar. La esposa no estuvo muy contenta con la decisión y, aunque frente al siervo de Dios simulaba que todo andaba bien, cuando estaba a solas con su esposo le exigía que lo sacara de la casa.

El hombre nunca le dijo nada a su amigo siervo de Dios sobre las quejas de su esposa. Como el hombre estaba sin empleo, acompañaba a su amigo a las consultas y se esmeraba en servirlo. La esposa estaba más enfocada en producir más en su trabajo que en servir. El Espíritu trae todo a la luz y cuando el siervo de Dios se marchó le dijo al hombre: “El Señor me trajo a tu casa como profeta de Dios y tu esposa fue sometida a prueba. Lamento decirte que ella no pasó la prueba del Señor.”

Las cosas se empeoraron en la casa y el matrimonio tuvo problemas. Al principio empezaron a dormir en habitaciones separadas. A las esposa le iba muy mal en su trabajo y el dinero escaseaba. Ella le echaba la culpa al marido y un día le pidió que se fuera de la casa porque necesitaba el espacio para alquilarlo y traer más dinero al hogar. El hombre se vio en la calle y sin saber a dónde ir; pero Dios le dio recompensa de profeta siendo recibido como tal en otro hogar.

Esta historia es muy real y, aunque la continuación de la misma no la sé, estoy seguro de que Dios será totalmente fiel a esta palabra. Los que recibieron a este hombre, quien es también un siervo de Dios, van a recibir recompensa de profeta, lo mismo que él. Dios te bendiga.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s