Dando para Recibir

Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.

Lucas 6:38

La mayoría de la humanidad está más dispuesta a recibir que a dar. A modo de chiste, algunos dicen que los boxeadores son los únicos quienes prefieren dar antes que recibir. Las cosas del mundo siempre estarán opuestas a las cosas de Dios, lo cual se ve claramente a través de la Palabra. En Lucas 6:38 queda establecido que si damos recibiremos. La fidelidad de Dios es tan grandiosa que Él no deja a nadie sin recibir su recompensa. Por eso, Su Palabra deja muy claro que con la misma medida con que medís, os volverán a medir.

El principal impedimento que tenemos para recibir la abundancia de la generosidad de Dios es nuestro propio egoísmo. Desde nuestra niñez, de manera natural, nuestra tendencia es a agarrar lo que creemos como nuestro y a no soltarlo a nadie. Muy pocos toman la iniciativa de compartir lo que tienen con otros. Más bien, la tendencia es esconder lo nuestro y procurar que los demás nos den lo suyo. Eso lo puede hacer un niño, un joven, un adulto, un anciano, un hombre o una mujer. El egoísmo no es exclusivo de la edad o el género de la persona sino que es un mal endémico de la humanidad.

Una vez leí la historia de una niña de 7 años y su madre. La niña tenía dos manzanas y su madre le preguntó: “¿Me regalas una de tus manzanas?” La niña le contestó: “Claro que sí, madre.” Entonces la niña mordió una de las manzanas y luego mordió la otra. Cuando la madre vio la acción de su hija, su corazón se entristeció. Ella pensó en cuan egoísta era esta niña que no fue capaz de simplemente darle completa una de las manzanas y comerse ella la otra, sino que las mordió ambas. Entonces la niña le ofreció a su madre una de las manzanas mordidas y le dijo: “Toma, mami, come esta manzana porque es la más dulce de las dos y yo me comeré la otra.”

La madre no pudo contener las lágrimas ante el gesto de su hija. Se conmovió y se sintió tan avergonzada de haber pensado mal de ella. En ese momento, la madre abrazó a la hija, la besó y le dijo cuanto la amaba y lo orgullosa que estaba de ella. La niña había dado a la madre la mejor de las manzanas, asegurándose que así fuera al probarlas ambas. A cambio, la hija recibió la mejor muestra de amor de su madre, quien, a partir de ese momento supo valorar más su noble corazón.

La mayoría de la gente cuando da algo, solo ofrece lo que le sobra, lo que ya no usa o lo que no le gusta. Ahora bien, analicemos lo que nos dice Lucas 6:38: Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir. Si te van a medir con la misma medida con que mediste, ¿no crees que te convenga más dar lo mejor de ti? Si lo que vas a recibir va conforme a lo que des, ¿no es más ventajoso para ti escoger dar al otro algo semejante a lo que más te agrada?

No tenemos control de lo que otros hacen, pero si podemos hacer la diferencia cambiando las cosas en nosotros. Empecemos a partir de hoy a dar lo mejor de nosotros a los demás. Sigamos el ejemplo de esta niña y demos a otros la mejor manzana, el mejor perfume, un tiempo de calidad, la mejor sonrisa, el mejor de los abrazos y las palabras de aliento que salgan del corazón. En su momento, sin duda, nosotros también recibiremos lo mejor. Dios te bendiga.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s