Un Galardón Grande

Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos.

Lucas 6:35

En todo evento deportivo, competencia o concurso, los participantes anhelan llevarse el primer lugar. Todos luchan, entrenan y se sacrifican por alcanzar la medalla de oro, el campeonato, la copa, la corona o el trofeo. En resumen, cada concursante anhela el galardón grande. En el mundo espiritual, el galardón grande va destinado a quienes hacen cosas extraordinarias como amar a sus enemigos y prestar sin esperar devolución.

Hacer el bien a las personas que amamos, a nuestros amigos y parientes es algo sumamente fácil que no requiere un gran esfuerzo. Sin embargo, pagar con bien a quienes nos odian o han hecho mal es algo que cuesta trabajo. Es muy normal, en lo natural, que nos esforcemos por dar las mejores cosas a los nuestros y dejar las sobras o no dar nada a quienes nos caen mal o a las personas desconocidas que nos encontramos en nuestro caminar por la vida.

En mi vida he conocido personas quienes no escatiman esfuerzos por darle costosos regalos a sus hijos o parientes cercanos; pero quienes son extremadamente tacaños al tratarse de quienes están fuera de su círculo sanguíneo. También he visto como las personas guardan rencor de por vida a quienes en algún momento de su existencia le han hecho mal y, si vieran a su enemigo en el piso, lo más probable es que le pondrían el pie sobre su cabeza para hundirlo más.

La experiencia de la vida me ha enseñado muchas lecciones con respecto a las relaciones humanas. Tu enemigo de ayer podría ser tu aliado de mañana y tu amigo de hoy podría ser quien te clave el puñal por la espalda mañana. Incluso, nuestra propia familia puede comportarse como nuestro enemigo. Eso lo he vivido en mi propia carne y no me asombro por ello ya que el Señor lo profetizó en Mateo 10:36: y los enemigos del hombre serán los de su casa.

Hacer el bien a los amigos, a nuestros hijos, a los que amamos o nos caen bien no está mal; pero no hay ninguna garantía de que recibamos alguna recompensa por ello. En lo espiritual, actuar de esa manera no tiene un gran mérito. Aún los peores criminales son generosos con sus familiares. Así que cuando hacemos bien a los nuestros, no hacemos diferencia con respecto a ellos. Además, las personas más cercanas a nosotros pueden pagar con ingratitud nuestro esfuerzo por agradarlos. Eso lo he visto en mi vida y en las de personas cercanas a mí.

No puedo decirte que si le haces un bien a tu enemigo, éste te lo va a agradecer o te amará. En verdad, tampoco está garantizado que va a tratarte mejor por eso; pero en Lucas 6:35, el Señor te dice que tu galardón será grande. Así que, hagamos el bien, no esperando una retribución en lo terrenal, sino el reconocimiento de nuestro Padre en los cielos. Pablo dice en Gálatas 6:9: No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.

Hagamos pues la diferencia con respecto a los demás procurando hacer el bien a quienes nos han hecho mal. Quizás me digas que eso es muy difícil y que yo no sé lo mal que te han hecho, lo cual no puedes olvidar ni perdonar. Sabes, a mí también me han hecho mucho mal: han intentado matarme, me han robado, me han calumniado y humillado y, si tuviera la oportunidad de hacer el bien a esas personas, lo haría para ganarme ese galardón grande. Dios te bendiga.

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