Humillarse Trae Recompensa

Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.

Lucas 14:11

El orgullo es una de las características más mortíferas del ser humano. Muchas relaciones permanecen rotas porque el orgullo de ambas partes les impide reconocer los errores, pedir perdón y perdonar. En Lucas 14:11, Dios establece la forma en la cual Él maneja el orgullo: Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido. La humillación de cada ser humano es inevitable. Si no nos humillamos por cuenta propia, tarde o temprano seremos humillados. Pero cuando nos humillamos, Dios no nos dejará en el suelo, sino que nos levantará y seremos enaltecidos.

Retomando la idea de que la humillación de cada ser humano es inevitable, se aplica la frase de un amigo mío quien dice: “La quieres con anestesia o sin anestesia.”  Con anestesia significa que nos humillaremos voluntariamente, sin anestesia es que nuestro orgullo nos impide humillarnos y que seremos humillados a la fuerza. Hay que recordar que mientras más alto nos encumbramos, más duro será el golpe en la caída. Muchas personas han triunfado toda su vida y cuando tienen la primera derrota son incapaces de levantarse y permanecen derrotados.

A mediados del año de 2002 fui contratado por una compañía farmacéutica del sur del estado de Florida. El motivo de mi contratación era para trabajar con un instrumento con el cual casi todo el mundo tenía problemas. Dado que yo venía con experiencia trabajando en espectrofotometría de absorción atómica, una técnica poco utilizada en la industria farmacéutica, me vieron como una buena adquisición para la empresa y me encomendaron trabajar con dicho instrumento.

Como dije anteriormente, todos los que habían trabajado con el espectrofotómetro de absorción atómica antes que yo tuvieron problemas. La gerencia me presentó como el experto que habían contratado. Pero yo también tuve mis problemas con el equipo a los pocos días de trabajar con él. Fue al anochecer de uno de mis días de trabajo y había pocas personas en el laboratorio. Lo que hice podría no tener sentido como hombre de ciencias; pero verdaderamente funcionó.

Yo tenía apenas unos pocos meses de haberme convertido a Jesucristo; pero yo reconocía ya que todo proviene de Dios. Me acerqué al instrumento y oré de esta manera: “Padre Celestial, reconozco que Tú creaste los cielos y la tierra y todo lo que existe. Todas las sustancias químicas naturales son creación tuya. Eres el mejor químico del mundo, Señor, a partir de hoy yo decido ser Tu ayudante y seguir Tus instrucciones cuando opere este instrumento.” Así lo hice y nunca más tuve problemas.

Todos los compañeros se asombraban de que yo era el único que no tenía problemas operando el aparato y me preguntaban qué hacía de especial para lograrlo. Mi respuesta era siempre la misma: “Yo oro.” Muchos se reían de mi respuesta y no me creían. Pero la verdad es que yo estaba viviendo Lucas 14:11. En lugar de creerme el gran científico sabelotodo, me humillé delante de Dios y reconocí mi impotencia y mi Padre me elevó haciéndome ver como un experto ante los ojos de mis colegas. En verdad que muchos de mis compañeros pudieron ser mucho más talentosos que yo en nuestra carrera y si yo me hubiera inflado en mi ego profesional, estoy seguro de que hubiese sido humillado. Cada ser humano pasará por la humillación, es mejor que lo hagamos voluntariamente y nuestro Padre nos pondrá en alto. Dios te bendiga.

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