Ríos de Agua Viva

El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.

Juan 7:38-39

Creer en Jesús trae consigo muchos beneficios. Sin embargo, esos beneficios  no necesariamente implican una vida terrenal de abundancias materiales y sin problemas. Las grandes promesas de Jesús a los que creen en Él están enfocadas hacia la eternidad, aunque también hay otras que recibiremos en este mundo. Una de ellas es la promesa contenida en Juan 7:38: de su interior correrán ríos de agua viva. La explicación de Juan 7:38 se encuentra en el siguiente versículo, es decir, Juan 7:39: Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.

Jesús prometió que Sus discípulos recibirían el Espíritu Santo. En Hechos 1:8 les dijo: pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Tal promesa se cumplió en los discípulos el día de Pentecostés, pero el Espíritu Santo continuó siendo recibido por los creyentes hasta hoy. En Hechos 2:4 se narra la primera vez que creyentes en Jesús recibieron el Espíritu Santo: Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

Los ríos de agua viva corrieron del interior de los discípulos reunidos en el aposento alto de Jerusalén el día de Pentecostés. La primera manifestación exterior de esos ríos de agua viva fueron las lenguas que hablaron ante numerosos testigos. Otra manifestación de los ríos de agua de vida la encontramos en Hechos 4:31: Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios. Bajo el poder del Espíritu Santo, los discípulos fueron capaces de predicar el evangelio sin temor sino llenos de valentía.

Y es que el Espíritu Santo nos fortalece para predicar, tal como nos dice 1 Pedro 1:12: A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles. Conocer esta verdad debe ser motivo suficiente para predicar el evangelio a toda criatura como nos ha sido comisionado. El Espíritu Santo nos da el poder para testificar y es quien da convicción de pecado al que nos escucha predicar.

Otra manifestación tangible de los ríos de agua de vida es la profecía. En Hechos 19:6 dice: Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban. En 2 Pedro 1:21 otra vez se enfatiza la intervención del Espíritu Santo en la profecía: porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

Los dones del Espíritu son esos ríos de agua de vida que correrán del interior de los que han creído en Jesús. 1 Corintios 12:4-11 los enumera: palabra de sabiduría, palabra de ciencia, fe, sanidades, hacer milagros, profecía, discernimiento de espíritus, diversos géneros de lenguas e interpretación de lenguas. Si has creído, ya esos ríos deberían brotar de ti. Dios te bendiga.

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