No Somos Huérfanos

No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.

Juan 14:18

La orfandad es algo terrible, especialmente cuando llega en los primeros años de nuestra vida. Si un niño pequeño pierde a sus padres, es muy probable que sufra bastante y carezca de muchas cosas, tanto materiales como afectivas. Jesús tuvo muy presente eso cuando le dijo a Sus discípulos lo que está escrito en Juan 14:8. La partida del Señor hacia el Padre ocurrió cuando todos los apóstoles eran lo que hoy llamamos bebés espirituales. Por eso Él los animó diciendo que no los dejaría huérfanos. Esa promesa nos aplica plenamente a nosotros hoy también.

Yo puedo hablar de la orfandad de primera mano. Mi abuela, la mamá de mi madre murió al nacer mi progenitora. De esta manera los primeros años de mi madre fueron muy duros y pasó de mano en mano, su bisabuela, su abuela, unas tías de su madre hasta que su padre, es decir mi abuelo, ante la negación de la familia materna de mi madre, se decidió un día ir a buscar a su pequeña hija para llevarla a vivir con él. Mi abuelo me contaba que fue en un caballo y, sin que se dieran cuenta, montó a la niña sobre el animal y escapó con ella a todo galope.

Afortunadamente para mi abuelo, en esa época no existían las leyes actuales, ya que él hubiera parado en la cárcel hoy día por lo que hizo a favor de su hija. Pero la orfandad en mi familia no termina ahí. Cuando yo contaba con apenas dos años de edad murió mi padre y yo crecí como el hijo de una madre soltera, quien fue para mí padre y madre a la vez. Ante la ausencia de una figura masculina en el hogar, para mí fue muy difícil entender el papel del hombre, ya que, a pesar de su gran esfuerzo, mi madre no podía enseñarme a serlo porque ella no era un hombre.

Yo entiendo plenamente la gran dificultad que tenemos de relacionarnos con Dios como nuestro Padre cuando en lo natural hemos carecido de un modelaje en nuestro hogar. Pero te puedo decir que el Padre Celestial es capaz de llevarte a superar ese obstáculo. Conmigo lo hizo y, si pasas por una situación similar, también lo hará contigo. Dios jamás nos dejará huérfanos ni desampara a Sus hijos de ninguna manera. Él siempre va a estar ahí, como el mejor de los padres.

¿Cómo cumple Dios en nosotros lo que dice Juan 14:18? En Juan 1:12 leemos cómo convertirse en un hijo de Dios: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Recibir a Jesús es el requisito para ser un hijo de Dios y la Biblia también da testimonio de que Él mismo es hijo de Dios, como dice Juan 3:16: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Ahora bien, en Juan 14:18 es el propio Jesús quien nos dice que no nos dejará huérfanos. Hay quien pueda preguntar si somos hijos o nietos de Dios porque el Hijo de Dios es también llamado Padre conforme a Isaías 9:6: Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.

Pero sabemos que el Padre y el Hijo son uno, por tanto Dios no tiene nietos. Jesús, el Hijo, ahora está sentado a la diestra del Padre donde intercede por nosotros. Pero Él no nos dejó huérfanos porque en nosotros mora el Consolador, el Espíritu Santo, quien es uno con el Padre y el Hijo. Y la promesa de Jesucristo incluye también Su retorno para estar con nosotros por siempre. Quienes lo amamos, esperamos con ansia su gloriosa venida. Dios te bendiga.

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