Tenemos la Paz del Señor

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

Juan 14:27

En la época en la cual vivimos no todo el mundo entiende el significado de la palabra paz. En muchos países hay conflictos activos que mantienen a la población en zozobra. Es difícil hablar de paz a iraquíes o sirios cuando han estado sumidos en guerras por años. Es difícil hablarles de paz a los colombianos, quienes han sido afectados durante décadas por grupos armados irregulares y organizaciones criminales. Es difícil hablar de paz a mexicanos y centroamericanos afectados por el narcotráfico y las pandillas. Pero en Juan 14:27, Jesús nos habla que nos da una paz distinta a lo que el mundo llama paz.

Filipenses 4:7 nos dice cómo es esa paz de la cual habló Jesús: Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. La paz que el Señor nos da está por encima de la lógica humana. Es la paz que puede tener un sirio cristiano mientras es degollado por un terrorista del Estado Islámico justamente porque no quiso renegar de su fe y convertirse al Islam. Esa es la misma paz que tuvo Esteban mientras lo estaban apedreando o Daniel cuando fue echado al foso con los leones.

La paz que Jesús nos da es para que nuestro corazón no se turbe ni tengamos miedo. Cualquier creyente puede ser partícipe de esa paz. Yo puedo dar fe de ella y un ejemplo ocurrió en el año 2005. La temporada de huracanes de ese año en el Atlántico fue la más activa de la historia. Cuatro huracanes alcanzaron categoría 5 ese año y Wilma fue uno de ellos, el cual mantiene el registro del huracán más intenso en el Atlántico de todos los tiempos y uno de los 10 ciclones tropicales más intensos. Ese monstruo de viento y lluvia estaba supuesto a pasar por el sur de Florida donde vivía yo.

La mayor parte de mi vida he vivido en lugares azotados por huracanes, así que frente a Wilma ya sabía a lo que me enfrentaba. Antes padecí en carne propia fuertes sistemas tropicales como David de 1979 en República Dominicana, Georges de 1998 en Puerto Rico o Frances de 2004 en la misma Florida. La diferencia con respecto a Wilma era su mayor intensidad y que mi casa estaba llena de gente y bajo contrato de venta en octubre de 2005. Si sucedía algún daño en mi casa, la venta podía ser anulada.

Cuando el viento y los fuertes aguaceros empezaron, yo reuní a toda mi familia en el lugar más seguro de la casa y los motivé a que cantáramos canciones de alabanzas a Dios. Por horas todos en la casa estuvimos cantando al Señor mientras que afuera azotaban vientos de más de 100 kph y caía una lluvia torrencial. Durante todo ese tiempo, el Señor respondió a nuestra alabanza dándonos de su paz que sobrepasa todo entendimiento a todos. No era lógico que estuviésemos en paz dentro de una casa sin protección de ventanas para esos vientos tan fuertes.

Tras pasar la tormenta, pudimos ver que hubo gran daño en nuestro vecindario. A unos 200 metros de nosotros pasó un tornado que voló los techos de decenas de casas. Nuestro techo no perdió una sola teja. Pero lo más importante de todo fue que Dios nos mantuvo en paz mientras pasaba el peligro. Esa paz que el Señor nos dio a mi familia y a mí, se la puede dar a cualquiera que le crea a Él y en Sus promesas. ¿La quieres tú? Dios te bendiga.

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