Permaneciendo en Su Amor

Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.

Juan 15:9-10

En Juan 15:9-10, Jesús insta a Sus discípulos a permanecer en Su amor. Y para que no quepa duda sobre la forma en la que Sus discípulos iban a permanecer en Su amor, lo explicó muy claramente: Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor. La obediencia es lo que nos mantiene permaneciendo en Su amor. No hay otra manera de permanecer en Su amor que no sea la de guardar y seguir Sus instrucciones. La desobediencia o la obediencia parcial y selectiva nos sacan de la relación íntima con el Señor y al final nos conduce a adulterar contra esa relación.

Dios es muy celoso de Sus relaciones con la humanidad. Desde el antiguo pacto, Él dejó escrito en piedra su exigencia de fidelidad, tal como está establecido en el segundo Mandamiento que se encuentra en Éxodo 20:4-6: No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

Hay quienes pasan por alto este mandamiento engañándose a sí mismos diciendo que no adoran imágenes sino que las veneran, que no se inclinan a ellas sino que le hacen reverencia, que no las honran sino que las respetan y otras excusas sin ninguna validez. Cualquiera sabe que quienes llevan a cabo tales prácticas no están haciendo lo correcto delante de los ojos de Dios y que estas personas son las únicas que, en su ceguera espiritual, son incapaces de ver que no actúan en obediencia a Dios sino a mandamientos de hombres.

Ahora bien, ¿existen personas venerando otras imágenes que no se ven? La respuesta es sí. La violación al segundo mandamiento no es exclusiva de aquellos que se congregan en templos llenos de estatuas. Muchos asisten a templos donde la imagen es el dinero o es el líder de la misma congregación, quien suele ofenderse si lo llaman simplemente pastor, en lugar de llamarle apóstol o profeta. Pero la imagen que adoramos en lugar de Dios puede ser también la propia nuestra, o nuestro cónyuge, o nuestros hijos, o nuestro negocio o profesión.

Cualquier cosa que pongamos delante de Dios en nuestra vida es una imagen a la cual adoramos y nos convertimos en adúlteros espirituales. En tal sentido, estamos dejando de permanecer en Su amor para ir a parar a los brazos de un amor distinto. Es de lo que habla Ezequiel 16:30-32: ¡Cuán inconstante es tu corazón, dice Jehová el Señor, habiendo hecho todas estas cosas, obras de una ramera desvergonzada, edificando tus lugares altos en toda cabeza de camino, y haciendo tus altares en todas las plazas! Y no fuiste semejante a ramera, en que menospreciaste la paga, sino como mujer adúltera, que en lugar de su marido recibe a ajenos.

Permanecer en el amor de Cristo es hacer las cosas de la manera que Él nos ha ordenado. No se trata de confiar en el mundo, sino en Él, quien ya venció al mundo. No se trata de ufanarnos de nuestras habilidades sino de negarnos a nosotros mismos y seguirle a Él. Dios te bendiga.

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