Perfectos en Unidad

La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.

Juan 17:22-23

Lo que dice Juan 17:22-23 es parte de la última oración de Jesús antes de ser arrestado y crucificado. En los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), se menciona que esta oración fue llevada a cabo en el Monte de los Olivos, llamado también Getsemaní; pero es Juan quien da detalles de lo que pidió Jesús a Su Padre para Sus discípulos. Esta petición incluía que ellos fueran perfectos en unidad, de la misma manera que el Padre y el Hijo eran uno. El Señor pidió específicamente lo siguiente: Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad. La unidad perfecta solo se obtiene cuando Dios está incluido.

Alcanzar unidad es una tarea casi imposible a nivel humano. Ni siquiera en el ente básico de la sociedad se alcanza unidad. Recuerdo, por ejemplo, lo que pasaba en mi propia familia, donde solo éramos mi madre, mi hermano y yo. Cada de uno de nosotros tenía un pensamiento político distinto. Mientras mi madre era de tendencia conservadora, mi hermano era socialdemócrata y yo de tendencia centrista. De esta manera, nunca estábamos de acuerdo a la hora de escoger a los que iban a dirigir los destinos de nuestro país.

Muchos conflictos podrían resolverse si existiera unidad. Algunas veces, las partes tienen metas comunes; pero, si tienen métodos distintos para alcanzarlas, no se pondrán de acuerdo. La unidad no significa uniformidad ni ser idénticos, sino avanzar juntos en la misma dirección. Creo que un buen ejemplo de unidad la vimos en la II Guerra Mundial. Gran Bretaña, los Estados Unidos y la Unión Soviética pelearon del mismo lado con el fin de derrotar a la Alemania nazi y liberar a Francia, su aliado, del yugo de Hitler. Los tres países eran totalmente distintos: una monarquía, una democracia y un país comunista; pero se pusieron de acuerdo y vencieron.

Este ejemplo no constituye una unidad perfecta, por supuesto. Esa unidad perfecta solo puede verse en la deidad, como dice Juan 10:30: Yo y el Padre uno somos. Y también en 1 Juan 5:7: Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Ese misterio de un Dios único y pluripersonal es muy difícil de entender en términos naturales. Una formal de explicarlo es la presencia del agua en la tierra en forma sólida (hielo polar y nieve), líquida (mares, ríos y lagos) y gaseosa (nubes); pero es la misma sustancia química, H2O.

Pablo también se expresa en torno al anhelo del corazón de Dios de que Su iglesia alcance la unidad perfecta. Efesios 4:13 dice: hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. La unidad perfecta no es una obra de hombres, sino una obra divina. Esa unidad se logra cuando morimos a nuestra humanidad y nos perfeccionamos en Cristo, el varón perfecto. La unidad perfecta no se consigue mediante el ecumenismo, ni se logra convocando a una reunión entre los líderes de diferentes religiones con el fin de crear una sola religión mundial. La unidad perfecta se logra cuando Jesús, la plenitud de la deidad, está en nosotros como dice Colosenses 2:9: Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. Dios te bendiga.

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