La Gloria Venidera

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Romanos 8:18

Hace un tiempo me llegó una figura que decía: “Dios da las batallas más duras a Sus mejores soldados; pero a mí me confundió con Rambo.” No sé quién fue el gracioso que escribió tal frase; pero probablemente que no se detuvo a meditar en Romanos 8:18. Ciertamente que en este mundo vamos a tener problemas, dificultades, tribulaciones, pruebas, aflicciones y cosas semejantes; pero la gloria venidera que nuestro Padre Celestial nos tiene reservada supera con creces todo lo que padecemos.

Voy a compartir una visión que Dios me permitió ver hace varios años. Me vi volando en un avión caza huracanes por encima de una gran tormenta. Yo veía grandes cúmulos de nubes negras debajo de mí, las cuales circulaban, de la misma manera que hacen los huracanes. Vi que el avión caza huracanes se elevaba hasta el cielo. Entonces me vi en el cielo, en el gran salón del trono y yo estaba sentado en el suelo, a los pies del trono.

No había allí nadie más que yo con el Señor Jesús, quien estaba sentado es Su trono. Ambos mirábamos lo que estaba pasando en la tierra, como en una pantalla gigante: tormentas, guerras, terremotos, odios, peleas, etc. El Señor me mostró que los cristianos debemos tener una mentalidad del Reino y poner nuestros tesoros en los cielos y en las cosas celestiales, no en la tierra y en las cosas terrenales. Me mostró que todo lo humano terminará, pero que lo divino es eterno.

Luego me vi en una cena con el Señor Jesús. Él presidía una mesa larga con manteles blancos, mientras Su rostro y Su cuerpo reflejaban la gloria de Dios. Varias personas más estaban también allí compartiendo la cena, creo que eran los apóstoles. Sobre la mesa había ricos manjares y el Señor partía el pan y lo distribuía entre todos los que estábamos en la mesa. Su rostro mostraba mucho amor y Su sonrisa era tan dulce que nos llenaba de paz. Me llamó la atención de que todo estaba muy iluminado, pero no vi lámpara alguna. Acabada la cena, pasamos a un inmenso salón donde empezó una gran fiesta. Había una orquesta muy grande, con toda clase de instrumentos y una gran multitud que danzaba mientras daba alabanza y gloria al Señor.

Creo que ningún ser humano, sea creyente o no, está exento de sufrir algún tipo de penalidad durante su vida en la Tierra. Muchos dicen que si tuvieran más dinero sus problemas terminarían. Eso no es necesariamente cierto porque hay gente con fortunas inmensas padeciendo tanto que muchos se suicidan o terminan en vicios. Es evidente que la gloria terrenal no garantiza total felicidad. Ni el dinero, ni la fama ni la admiración del mundo nos aseguran que no tendremos tribulaciones. Además, todo eso lo dejaremos en otras manos al morir.

La palabra de Dios en Romanos 8:18 nos habla de una gloria venidera que nos hará olvidar las aflicciones del tiempo presente. El mundo nos quiere vender la idea de que debemos vivir aquí y ahora; pero nuestro Padre Celestial nos dice que lo que nos espera a los hemos creído es mucho mejor que todo lo bueno que conocemos. Si sientes que tu vida hoy es pasar el Niágara en bicicleta, te recuerdo las palabras de Romanos 8:18: las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Dios te bendiga.

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