La Santificación Es Nuestro Fruto

Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.

Romanos 6:22

La palabra santo, como muchas otras palabras utilizadas en la Biblia, ha sido tomada con un significado distinto al que realmente le da la Palabra de Dios. En Romanos 6:22, el apóstol Pablo indica que la santificación, es decir, el hacerse santo, es el fruto de aquellos que han sido libertados del pecado. En otras palabras, ser santo es una consecuencia de haber sido salvo. Sabiendo que la salvación se obtiene por gracia, por medio de la fe, ser santo es nuestra respuesta al favor inmerecido que nos hizo Dios.

La tradición humana tiene una definición de santo muy diferente a lo que dice la Biblia. Para los católicos, los santos forman la llamada Iglesia triunfante e interceden ante Dios por la humanidad, por los vivos en la Tierra y por los difuntos en el Purgatorio: es la llamada comunión de los santos. Todos ellos, incluso los que no han sido oficialmente reconocidos como tales, tienen su festividad conjunta en el Día de Todos los Santos, que se celebra el 1 de noviembre.

La Iglesia Católica posee un mecanismo formal continuo para llevar a cabo el proceso de canonización de una persona. Actualmente las canonizaciones se efectúan después de un proceso judicial, llamado Proceso de Beatificación y Canonización, o simplemente proceso de canonización. El Proceso de Canonización se puede definir como el proceso que dilucida la duda acerca de la santidad de una persona. Existen dos vías para llegar a la declaración de canonización: la vía de virtudes heroicas y la vía de martirio. En el proceso de canonización se establece la duda procesal de si el candidato a santo ha vivido las virtudes cristianas en grado heroico, o si ha sufrido martirio por causa de la fe.

Además, para llegar a la canonización se requiere de la realización confirmada de uno o dos milagros. La canonización se lleva a cabo mediante una solemne declaración papal de que una persona está, de acuerdo a la tradición católica, con toda certeza, contemplando la visión de Dios. Según la misma tradición, el creyente puede rezar confiadamente al santo en cuestión para que interceda en su favor ante Dios. El nombre de la persona se inscribe en la lista de los santos de la Iglesia y a la persona en cuestión se la “eleva a los altares,” es decir, se le asigna un día de fiesta para la veneración litúrgica por parte de la Iglesia católica.

Ahora veamos lo que dice la Biblia al respecto. Levítico 20:26 dice: Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos. Dios apartó para Él al pueblo de Israel y le dio el mandamiento de que fueran santos porque Él es Santo. Dios no le ordenó que fueran santos a muertos sino a vivos. En Marcos 12:27 la Biblia dice: Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos; así que vosotros mucho erráis. Por lo tanto, los santos de Dios no son muertos sino vivos.

En 1 Pedro 1:15-16 hay un llamado a los cristianos a ser santos: sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. Si ya has recibido a Jesucristo, ahora debes ser santo, separado para Él. No esperes a que mueras y que un comité religioso decida llamarte santo, ya has sido llamado a ser santo en este tiempo y los milagros no los haces tú sino Él. Dios te bendiga.

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