Nadie Acusará a los Escogidos

¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.

Romanos 8:33

No cabe duda de que cada ser humano trae una cola que puede pisarse. Por muy espirituales o buenos que nos creamos a nosotros mismos, nuestros antecedentes pecaminosos nos condenarían porque según la justicia humana, el que la hace la paga. Y no solamente la paga, sino que le queda un estigma de por vida por el error cometido. ¡Qué bueno que Dios no actúa como nosotros! Cuando Él nos perdona, olvida nuestros pecados para siempre y nos aplica un verdadero borrón y cuenta nueva.

Es imposible que pretendamos presentarnos ante Dios como seres perfectos porque todos sabemos que hemos pecado. Cuando nos arrepentimos de nuestros pecados y entregamos nuestra vida a Jesucristo, hemos nacido de nuevo, somos hechura suya y una nueva criatura. Pero, eso no quiere decir que estaremos en una burbuja de cristal. Mientras permanezcamos en este mundo y en este cuerpo mortal, seguramente le vamos a fallar a Dios de nuevo. Cuando eso suceda, tanto nuestra mente, el mundo y el enemigo nos van a acusar por nuestro pecado.

¿Qué debemos hacer al fallarle a Dios? ¿Vamos a escuchar las voces acusatorias y huiremos de Dios? De ninguna manera, nuestra actitud debe ser de presentarnos delante de Él y confesar nuestro pecado. La Biblia dice cómo será la reacción de Dios cuando no ocultamos nuestras transgresiones. En Isaías 1:18 dice la Biblia: Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.

Dios borrará nuestros pecados, le quitará el color rojo y nuestro registro quedará en blanco. En Colosenses 2:13-15 leemos: Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.

El acusador ya no tiene jurisdicción sobre ti cuando le perteneces a Cristo, quien en la cruz dejó anulada toda sentencia contra ti. Y mira lo que Dios hizo con tus pecados, lo dice Miqueas 7:19: El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados. Cada pecado que ha sido confesado ante Dios será sepultado en las mayores profundidades del abismo marino. Ya no tienes que sentirte culpable de lo que hayas expuesto ante el Señor.

Y Dios no solo sepultará nuestros pecados sino que los olvidará por completo. Isaías 43:25 dice: Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. En resumen, Dios borra nuestros pecados confesados, los cambia de color, los echa al fondo del mar y los olvida. Entonces, está claro lo que dice Romanos 8:33: ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.

Si has entregado tu vida a Jesucristo, Dios te ha justificado, no por tus obras, sino por la sangre preciosa de Jesús derramada en la cruz. Ya no eres esclavo del pecado sino un siervo de justicia. No hagas casos a las voces que te acusan, confiesa tus fallas y dale el control absoluto de tu vida a Jesucristo. Dios te bendiga.

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