Herederos, no Esclavos

Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.

Gálatas 4:6-7

Antes de que alguien haya conocido a Jesucristo, indudablemente que ha llevado una vida de pecado. El pecado nos somete a esclavitud, aunque mientras andamos por la vida haciendo lo que nos da la gana pensemos que somos libres. La única libertad verdadera la da Jesucristo; pero hay personas que, cuando se convierten a Cristo actúan como si todavía fueran esclavos. Si Juan 1:12 dice que quien recibe a Jesucristo adquiere la potestad de ser hecho hijo de Dios, de ahí en adelante nuestra postura debe ser la de un heredero del Reino de nuestro Padre, no la de un esclavo.

En Jesucristo se cumplió la profecía de Isaías 61:1: El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel. El Cristo, el Ungido, el Mesías vino a darnos libertad de nuestra esclavitud del pecado y de la maldición de la Ley. Esas son las buenas nuevas del Evangelio que Él predicó y nos invita a predicar a quienes hemos creído en Él.

A pesar de estas buenas noticias, existen muchos que le entregan sus vidas al Señor y pareciera como si continuaran en la esclavitud. Han salido de ser esclavos del pecado y entonces se vuelven esclavos de la religión. Se ven forzados a seguir ordenanzas humanas y costumbres no siempre bíblicas, las cuales les atan. Sí Jesucristo vino a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel, entonces Él no ha venido a imponer nuevas cadenas de esclavitud. Sus buenas nuevas son una verdadera declaración de libertad.

En la declaración de libertad que nos da el Señor Jesús no está incluido nuestro sometimiento a las estrictas normas religiosas. Jesús vino a restaurar nuestra relación con Dios, una relación en la cual Él sea nuestro Padre y cada uno de nosotros sea Su hijo o Su hija. Gálatas 3:26 dice: pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Poniendo nuestra fe en Jesucristo pasamos a ser hijos de Dios. Como hijos, podemos llamarle a Dios ¡Abba, Padre! Lo cual es como decirle a Él “Papi o Papito” de manera cariñosa.

Los hijos se acercan a su padre con confianza y sin miedo porque saben que su padre los ama. Y lo que es del padre, algún día será también del hijo. Eso se llama herencia. Como hijos de Dios, somos también Sus herederos y el medio de alcanzar tanto nuestra condición de hijos como la herencia es a través de Cristo. Recibiendo a Jesucristo en nuestro corazón somos hechos hijos de Dios, somos liberados de la esclavitud del pecado y, como hijos, nos convertimos en herederos del Reino de nuestro Amado Padre Celestial.

Recibe a Cristo hoy y respira la libertad que te ha sido dada. Recuerda lo que dice 2 Corintios 3:17: Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Ya no eres esclavo, eres libre del pecado, de la maldición de la Ley y de las ataduras religiosas. Eres ya un hijo de Dios y te puedes acercar confiadamente a tu Padre cuando lo desees. No tienes que pedir permiso ni buscar una escolta porque eres heredero, no esclavo. Dios te bendiga.

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