Segaremos si no Desmayamos

No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.

Gálatas 6:9

He conocido personas que han hecho el bien gran parte de su vida y quienes llegan a un punto en el cual tiran la toalla. Esas personas dicen que siempre han actuado correctamente y, sin embargo solo reciben golpes como respuesta. Ciertamente que, en este mundo, hacer el bien no siempre se paga con bien. Muchas veces se recibe ingratitud como recompensa. Pero la Palabra de Dios, la cual siempre es verdadera, nos dice en Gálatas 6:9: No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.

No desmayar significa ser perseverante, ser consistente en lo que se está haciendo. Perseverancia implica continuar llevando nuestra labor de la manera correcta sin importar que los frutos no se estén viendo todavía. Segar significa cosechar, obtener el producto o el fruto de lo que se ha sembrado. Al enterrar una semilla en el terreno, es imposible que al día siguiente se obtenga el fruto. La semilla muere dentro de la tierra, pero luego brota el pequeño tallo de la planta, al mismo tiempo, va profundizando la raíz en el interior. Al cabo del tiempo, crecen ramas, salen las flores y finalmente las frutas, las cuales deben madurar antes de ser cosechadas.

Si no cuidamos la planta con esmero, la regamos con agua, le ponemos abono, podamos las ramas y aplicamos control para las plagas, sería imposible que lleguemos felizmente a la siega. Para todo esto se requiere paciencia y perseverancia. Indudablemente que cuidar una planta que aún no produce beneficio podría resultar aburrido para algunos. Sin embargo, no existe otra manera de obtener fruto o cosecha. Si nos desesperamos al no ver que las flores se convierten en frutos todavía, jamás  se alcanzarán los resultados.

No hay duda de que vivimos en los tiempos que señala Mateo 24:12: y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Solo necesitamos ver las noticias en televisión para darnos cuenta las atrocidades que se cometen cada día en el mundo. Desde niñeras decapitando los niños a su cargo hasta gente desquiciada ametrallando inmisericordemente en escuelas y universidades. Incluso, dentro de las propias familias se ha perdido en amor. Todo eso puede hacernos pensarlo dos veces antes de continuar haciendo el bien.

He escuchado frases como esta: “Así se va conociendo a las personas, primero muestran su cara buena, después lo verdadero; ya no se puede creer tanto en los demás.” La desconfianza hace desmayar en hacer el bien. Cuando pensamos que la persona que tenemos en frente nos va a dar una puñalada por la espalda como pago por un bien recibido de parte nuestra, eso nos podría inducir a cansarnos de hacerle bien a nuestro prójimo. Pero hay que recordar que hacer el bien es un acto de amor. Ya Jesús ha hecho bastante bien a la humanidad muriendo por nosotros y mayoritariamente le pagamos con desprecio.

Como un acto de amor, hacer el bien debe ejecutarse tal como dice 1 Corintios 13:4-7: El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Debemos procurar hacer el bien todo el tiempo, sin buscar lo nuestro; pero seguros de que la recompensa vendrá de parte de nuestro Padre Celestial en Su tiempo, si no desmayamos. Dios te bendiga.

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