Dejando Atrás el Afán

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Filipenses 4:6-7

El título de este mensaje podría parecerle una misión imposible a muchos. El afán se ha convertido en el motor de la sociedad moderna. La vida corre cada día mucho más a prisa. Queremos obtener resultados inmediatos. Cuando nos trasladamos de un lugar a otro, quisiéramos utilizar la máquina tele transportadora de Viaje a las Estrellas en lugar de nuestros automóviles porque consideramos que el tráfico se mueve muy lentamente. En Filipenses 4:6-7, el apóstol Pablo nos invita a dejar atrás el afán y nos dice lo que obtendríamos si lo hacemos así.

Hace muchos años conocí a Porfirio, para quien trabajé durante un tiempo en Puerto Rico. Este hombre parecía un híbrido de pulpo y canguro, con ocho brazos y dando saltos de un lado para otro. Porfirio trabajaba como supervisor de una reconocida empresa fabricante de calentadores solares; pero él operaba desde su propia oficina. Allí, además de tener a cargo a un grupo de vendedores de calentadores solares, él se dedicaba a otras labores, entre ellas a vender productos promocionales para negocios.

Cuando empecé a trabajar para él, estaba ideando la forma de añadir a sus líneas de negocio, desempeñarse como contratista general de construcción. Cuando él se dio cuenta de que yo había estudiado ingeniería, me llevó a trabajar a la oficina para que le ayudara a desarrollar su idea sobre construcción. Eso no quiere decir que Porfirio dejara de hacer todo lo demás. Siempre andaba afanado porque necesitaba días de 50 horas a fin de cumplir con todo lo que se había propuesto. Su afán le dio fruto por un tiempo y ciertamente tuvo éxito.

Con la construcción las cosas empezaron caminando muy bien, yo le ayudé a elaborar un sistema que funcionaba a la perfección. Teníamos una base de datos de trabajadores de diferentes áreas, conseguíamos los contratos, negociábamos el mejor precio con los trabajadores y ejecutábamos el trabajo. Siempre había ganancia y Porfirio se mataba en la calle buscando nuevos clientes mientras yo me encargaba de las negociaciones desde la oficina.

Luego de un tiempo pude darme cuenta del motivo que tenía Porfirio de andar afanoso por hacer cada vez más dinero. Su razón era su adicción al juego, lo cual lo llevaba a arriesgar todo el dinero que tuviera en los bolsillos en los casinos. Cuando lo perdía todo, se afanaba más por buscar dinero. El problema se agudizó cuando él utilizó el dinero que le daban los clientes de construcción para jugarlo ya que, al perderlo, no tenía para comprar materiales o pagarle a los trabajadores. Al final, todo se derrumbó, perdió hasta su familia y salió huyendo hacia otro lado.

Como esta historia pueden haber muchas, ocultamos algo oscuro dentro de nuestro afán; pero lo peor de todo es que excluimos a Dios de nuestras decisiones en la lucha diaria por obtener el pan de cada día. El pasaje de Filipenses es una invitación a sustituir nuestro afán por ir delante de Dios con nuestras peticiones. Si acudimos en oración a nuestro Padre Celestial antes de emprender cada cosa, seguramente que dejaríamos de vivir con la soga al cuello. Es mejor exponerle a Él nuestros proyectos y esperar Su aprobación que sumergirnos en el afán para  luego pedirle auxilio cuando nos hundimos en las aguas de la desesperación. Dios te bendiga.

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