Dios no Olvida Nuestro Trabajo

Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún. Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.

Hebreos 6:10-12

Trabajar para Dios podría parecer, ante los ojos de quienes viven pendientes de las cosas del mundo, como un ejercicio inútil. No siempre los siervos del Señor reciben bienes materiales o una buena remuneración monetaria. Es más, yo diría que quienes pretenden servir a Dios y, al mismo tiempo anhelan poseer grandes riquezas en este mundo, deben de meditar bien conforme a la Palabra a qué señor están sirviendo. Pero, aunque se piense lo contrario, Dios es el mejor jefe que puede existir y nuestro trabajo para Él nunca quedará sin la justa retribución.

En la Biblia hay numerosa evidencia de hombres y mujeres que trabajaron para Dios y muchos de ellos padecieron persecuciones y angustias, pero a todos ellos Dios los tomó en cuenta. El ejemplo más notable es Pablo, quien primero como Saulo de Tarso fue un acérrimo perseguidor de la iglesia. Luego de su conversión y transformación en el apóstol de los gentiles, Pablo fue el más prolífero autor del Nuevo Testamento. En varias de sus cartas, Pablo describe su trabajo como apóstol y lo que el Espíritu de Dios le inspira a escribir con respecto a trabajar para Dios.

1 Corintios 9:7 dice: ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño? Vemos que quien realiza un trabajo siempre va a recibir su salario o remuneración de parte de su empleador. Todo empleado de una oficina o fábrica va a recibir su sueldo o salario en el día correspondiente y conforme a lo que ha quedado establecido en su contrato de trabajo. Hay diferentes formas en las cuales reciba su paga: semanal, bisemanal, mensual, por comisiones, etc., pero siempre va a recibir compensación por su tiempo utilizado en su lugar de empleo.

Dios nunca contempló que no hubiera recompensa por trabajar para Su Reino. 1 Corintios 9:13-14 dice: ¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio. No debe considerarse como un escándalo que un predicador de la Palabra reciba un salario por eso. Primero que nada, es su trabajo y, en segundo lugar, la Biblia lo dice muy claramente: Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.

Pablo renunció a su legítimo derecho de vivir del evangelio, como dice 1 Corintios 9:18: ¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio. Dios no obligó a Pablo a que predicara en forma gratuita el evangelio, sino que él lo hizo voluntariamente. Cualquiera puede elegir entre seguir el ejemplo de Pablo o aceptar su salario como un empleado del Reino de Dios. En ambos casos hay fundamento bíblico que lo respalde. Lo que sí podemos estar seguros es que Dios jamás va a olvidar nuestro trabajo, en este tiempo y en la eternidad. Dios te bendiga.

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