La Necesidad de Paciencia

No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.

Hebreos 10:35-36

Paciencia, ¡qué difícil es tenerla en esta época! Los tiempos modernos han convertido a la paciencia en una especie en extinción. Hoy día, cuando se le dice a alguien que debe tener paciencia, puede llegar a molestarse. Nadie quiere esperar y todos desean resultados inmediatos. Es como si cada uno requiera que les den el primer turno a la misma vez. En Hebreos 10:35-36, la Biblia nos dice que la paciencia y hacer la voluntad de Dios son requisitos fundamentales para obtener la promesa.

Los que hemos creído en Jesucristo, el Hijo del Dios Viviente, estamos llamados a tomar una postura diferente a la corriente del mundo. Si estamos en la Edad de la Impaciencia, como hijos de Dios, demostremos tener paciencia. La Biblia habla bastante acerca de la paciencia. En Lucas 21:19 dice la Palabra de Dios: Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas. Dentro del proceso progresivo de nuestra santificación, la paciencia juega un papel fundamental. Es obvio que nuestra transformación no ocurre instantáneamente y debemos esperar con paciencia.

Ciertamente que en nuestro caminar cristiano encontraremos obstáculos y la paciencia interviene en el proceso de salvar esos obstáculos. Romanos 5:3-5 dice: Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Paciencia es un producto de las tribulaciones que nos ayuda a pasar la prueba sustentados por la esperanza de recibir la promesa.

Si somos impacientes, entonces nuestra madurez espiritual es incompleta. La paciencia es parte del fruto del Espíritu, como dice Gálatas 5:22-23: Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Ser paciente es demostrar que vivimos en el Espíritu, no en la carne. Además, la paciencia es parte del traje de los escogidos de Dios, como lo expresa Colosenses 3:12: Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia.

Demostremos que somos hombres y mujeres de Dios mediante la paciencia. Pablo instruyó a Timoteo, su hijo espiritual al respecto. 1 Timoteo 6:11 dice: Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Mirando los tres listados de Pablo, encontramos que la mansedumbre siempre acompaña a la paciencia. También, la paciencia viene acompañada en dos ocasiones por el amor, la benignidad y la fe. Y la acompañan una vez: gozo, paz, bondad, templanza, misericordia, humildad, justicia y piedad.

Santiago 1:2-3 dice algo muy importante acerca de la paciencia: Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. La paciencia es el producto de una fe puesta a prueba. Si decimos que tenemos fe y carecemos de paciencia para esperar, entonces nos engañamos a nosotros mismos. Demostremos a nuestro Padre nuestra fe en Él esperando Su tiempo con paciencia. Dios te bendiga.

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