Quien Rechaza el Evangelio

Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies. De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad.

Mateo 10:14-15

Los siervos de Jesucristo han sido comisionados para predicar el evangelio a toda criatura en cada nación de la tierra. Nuestra comisión no implica tratar de convencer a la gente acerca de Jesucristo, sino solo entregar el mensaje. Unos atenderán al llamado; pero otros lo rechazarán. En Mateo 10:14-15, el Señor no nos dice que permanezcamos argumentando con las personas que rechacen el evangelio, sino que salgamos de aquella casa o ciudad. Ya el propio Dios se encargará de pasarle la factura a quienes lo rechacen.

Recuerdo una frase que solía decir mi madre: “Estas son lentejas, o las comes o las dejas.” Lo que ella quería decir con esa frase es que no iba a obligarme a tomar lo que me ofrecía, sino que yo tendría la opción de decidir. De la misma manera, el evangelio se presenta a las personas y ellas deciden aceptarlo o rechazarlo sin mayor argumento. En verdad, la oferta del evangelio es como una oportunidad única que si la rechazamos, bien nos pudiera decir el Señor: “Tú te la pierdes.” Y es que Él no tiene por qué mendigarnos que aceptemos la gracia.

Sé que cuando hemos conocido a Jesús y nos hemos dado cuenta de que hay salvación solo en Él, nuestro deseo porque los demás también se salven es muy grande. Anhelamos que todo aquel a quien le prediquemos el evangelio nos diga inmediatamente: “Sí, acepto a Jesucristo;” pero eso no va a ocurrir, ya que muchos lo rechazarán independientemente de lo bien que le mostremos las buenas nuevas de salvación. Cuando estamos en el primer amor con Jesucristo, tendemos a sentir mucho dolor cuando alguien a quien le presentamos el evangelio lo rechaza.

Y sabiendo que quien rechace a Jesucristo no tiene salvación, nos sentimos horrorizados si es un ser querido quien no lo acepta. Pero es necesario que tengamos algo muy claro, todos los seres humanos hemos ofendido a Dios pecando. Romanos 3:23 lo dice muy claro: por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios. Somos nosotros quienes estamos en falta con Dios, no Él con nosotros. Por Su infinita misericordia, Dios envió a Su Hijo a morir en nuestro lugar y, si nos arrepentimos y aceptamos la gracia, seremos salvos.

Si nuestro orgullo y autosuficiencia no nos permiten ver nuestra depravada condición, Dios no está obligado a rogarnos que aceptemos Su perdón. Romanos 6:23 da las dos opciones: Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. Al presentarle el evangelio a alguien le damos la opción a la persona de aceptar el regalo de salvación por parte de Dios o, en caso de rechazarlo, la persona asume la responsabilidad de pagar el precio por sus pecados.

La sangre derramada por Jesús en el Calvario es demasiado valiosa para que sea pisoteada por quien no quiere arrepentirse de sus pecados. Así que si el mensaje que le presentamos a alguien es rechazado, hagamos como nos dice el Señor: salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies. Si quien rechaza las lentejas se quedará con hambre, quien rechaza el evangelio, se queda sin salvación: De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad. Dios te bendiga.

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