Los que Sirven de Tropiezo

Enviará el Hijo del Hombre a Sus ángeles, y recogerán de Su Reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.

Mateo 13:41-42

En la parábola del trigo y la cizaña, narrada en Mateo 13:24-30, el Señor nos dice que el enemigo infiltraría a sus agentes entre los hijos de Dios. Esa parábola profética se ha cumplido durante dos mil años. Si dentro de los mismos doce colaboradores más cercanos de Jesús hubo un Judas Iscariote, ¿estarían las iglesias exentas de traidores y falsos siervos? Por supuesto que no. De hecho, las iglesias están repletas de hijos del malo, los cuales sirven de tropiezo al Reino de Dios. Llegará el fin y estos que sirven de tropiezo recibirán su paga.

Es curioso ver como muchos se enojan cuando se hablan de estos temas. Cada vez que se traen temas como lo que dice Mateo 13:41-42, hay quienes rápidamente reaccionan diciendo que no debemos juzgar. A quienes se expresan de esa manera les pregunto, ¿exponer la Escritura es juzgar? Si tal cosa fuera cierta, entonces, quien los juzga es la propia Palabra de Dios y no quien entrega el mensaje. Tengamos en cuenta que la Biblia no es un buffet del cual usted toma lo que le gusta mientras desecha el resto. Toda la Escritura tiene el mismo valor.

El apóstol Pablo profetizó en 2 Timoteo 4:3-4 de que se predicarían doctrinas falsas: Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. Eso ya está pasando y callarlo, para que no nos tilden de que estamos juzgando, es ser infiel a nuestro amado Señor Jesucristo. Quien predica un evangelio falso está sirviendo de tropiezo a las almas y llevándolas por un camino de perdición.

Quien se sienta juzgado debe saber que es la propia Palabra de Dios quien lo juzga, no el siervo que le trae el mensaje. El gran predicador inglés Charles Spurgeon (1834-1892) dijo: “Aquel que no odia la falsa doctrina, es porque no ama la verdadera.” Si cuando se presentan pasajes bíblicos como 2 Timoteo 4:3-4 ó Mateo 13:41-42, usted que es un predicador se ofende, se siente aludido, en lugar de meditar si realmente su predicación va conforme a la sana doctrina o está adulterada, es porque quizás cae en la categoría que define Spurgeon.

Si realmente estamos con Cristo, debemos predicar lo que Él predicó, no exponer las fábulas. Otro predicador inglés, John Charles Ryle (1816-1900) dijo: “No debemos tolerar más la falsa doctrina de lo que toleraríamos el pecado.” Aceptar o tolerar el falso evangelio es convertirnos en cómplices de la mentira y de los que sirven de tropiezo en el Reino de Dios. Si no toleramos el pecado, tampoco debemos tolerar la falsa doctrina, porque la misma es doctrina mentirosa, lo cual por sí misma constituye pecado.

Antes de tildar mensajes como éste de juicio al ungido de Dios, te recomiendo que revises lo que dijo el Señor acerca de los que sirven de tropiezo en Su Reino: los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Te recuerdo que el lago de fuego es el infierno, destinado al diablo, sus demonios y los que hacen inequidad. El fin está cerca, el Señor regresa y con Él Sus ángeles quienes sacarán de Su Reino a la cizaña, los infiltrados, los que sirven de tropiezo a los hijos de Dios, y serán confinados eternamente al lugar de tormento. Dios te bendiga.

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