Echando Nuestra Ansiedad sobre Dios

Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros.

1 Pedro 5:6-7

La ansiedad es prácticamente una epidemia en nuestros días. Numerosas personas de todas las edades reciben tratamiento debido a trastornos por ansiedad. Unos son objetos de terapias psicológicas; pero otros son tratados con drogas diseñadas específicamente para estos fines. Anualmente se gastan millones de dólares en tratamientos para la ansiedad. La Biblia nos da en 1 Pedro 5:6-7 un tratamiento alternativo para la ansiedad: echar toda nuestra ansiedad sobre Dios. Indudablemente que esta terapia resulta conveniente y no tiene efectos secundarios adversos.

La ansiedad es una anticipación involuntaria de un daño o desgracia futuros, que se acompaña de un sentimiento desagradable o de síntomas somáticos de tensión. El objetivo del daño anticipado puede ser interno o externo. Se trata de una señal de alerta que advierte sobre un peligro inminente y permite a la persona que adopte las medidas necesarias para enfrentarse a una amenaza.

En las sociedades avanzadas modernas, esta característica innata del ser humano se ha desarrollado de forma patológica y conforma, en algunos casos, cuadros sintomáticos que constituyen los denominados trastornos de ansiedad, que tiene consecuencias negativas y muy desagradables para quienes los padecen. Trastorno de ansiedad es un término general que abarca varias formas diferentes de un tipo de trastorno mental, caracterizado por miedo y ansiedad anormal y patológica. El término ansiedad abarca cuatro aspectos que un individuo puede experimentar: aprehensión mental, tensión física, síntomas físicos y ansiedad disociativa.

Los medicamentos son una opción rápida para eliminar un problema. Pero esto no quiere decir que sean la mejor alternativa y mucho menos la única. En el caso de los problemas psicológicos como la ansiedad, los medicamentos ayudan a disminuir la intensidad de los síntomas pero no erradican el problema. Por ende, una de las quejas más comunes de quienes consumen los medicamentos para la ansiedad es que, apenas dejan de tomarlos, los síntomas vuelven, a veces con más intensidad que antes.

Los principales medicamentos anti ansiedad usados actualmente son: Klonopin (clonazepam), Altivan (lorazepam), Xanax (alprazolam), Buspar (buspirona), Lectopam (bromazepam) y Valium (diazepam). Los posibles efectos secundarios de estas drogas incluyen: visión borrosa, malestar estomacal, dolor de cabeza, confusión, aturdimiento, pesadillas, mareo, náusea, nerviosismo, emoción, dificultad para dormir, fatiga, manos frías y debilidad

La gente hoy día quiere encontrar una pastilla para cada malestar que se le presente, sea físico o psicológico. Creo que hay quienes anhelarían tomar pastillas para resolver sus carencias de dinero o de empleo. Pero la palabra de Dios presenta soluciones mucho más efectivas que tomar una cápsula o una tableta. En el caso de la ansiedad, de la cual nadie está exento, la solución bíblica es dejar en manos de Dios la totalidad de nuestra ansiedad y dejarnos llevar por Él.

El Señor nos dice en Mateo 11:29-30: Venid a Mí todos los que estáis trabajados y cargados, y Yo os haré descansar. Llevad Mi yugo sobre vosotros, y aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque Mi yugo es fácil, y ligera Mi carga. Hacer las cosas como Él dice es mejor y sin efectos secundarios. Dios te bendiga.

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