El Fin del Siglo

Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.

Mateo 13:49-50

Existen personas que pasan la vida actuando de tal manera que pareciera como si no tendrán que rendirle cuentas a Dios. No somos eternos y algún día vamos a partir de este mundo. Pero el mundo que conocemos tampoco es eterno y algún día también le llegará su extinción. Tras el fin del siglo, como dice Mateo 13:49-50, los justos serán separados de los malos. El destino que aguarda a estos últimos es descrito de esta manera: y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.

La mayoría de la gente se aferra a este mundo y sus cosas. Es poco probable que encontremos a alguien que no tema morir o perder lo que posee. La tendencia natural es agarrarse con todo a la vida, a la familia, a los bienes y al lugar donde vivimos. Y cuando las cosas no andan bien, como problemas de salud, conflictos domésticos, desastres naturales o amenazas de guerras nucleares, incluso los ateos reaccionan pidiendo oración para que Dios arregle las cosas. No quieren ver desaparecer las cosas que conocen y aman.

Aunque la humanidad estuviera de acuerdo unánimemente de que el mundo que conocemos sea eterno, el plan de Dios es distinto y no lo va a cambiar de ninguna manera. Está escrito que el cielo y la tierra pasarán y lo único que es eterno es la Santa Palabra de Dios, la cual se cumplirá en el tiempo previsto por Él. Escrito está en Marcos 13:31: El cielo y la tierra pasarán, pero Mis palabras no pasarán. Por lo tanto, pedirle a Dios que cambie de idea y deje el mundo así, es desconocer por completo al propio Dios.

En Génesis 1:1 leemos: En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Dios encontró que toda Su creación era buena y no puede esperarse otra cosa que no sea esa, viniendo de un Dios bueno y perfecto. Sin embargo, tras la caída de nuestros primeros padres con el pecado original, nuestro mundo cambió por completo. Génesis 3:17 dice: Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.

La tierra está maldita por causa del pecado. Ese no era el plan original de Dios con la humanidad sino tener una relación íntima y estrecha con nosotros. Un Dios Santo es incompatible con el pecado. El hombre no solo pecó contra Dios, sino que le cedió al diablo lo que Dios le había otorgado, es decir, el dominio sobre la tierra. En este momento, el mundo que conocemos está maldito y bajo la potestad del maligno. Para recuperar el diseño original de Dios, un simple remiendo de este mundo no es suficiente. ¡Hay que hacerlo todo nuevo!

Algunas veces las edificaciones están tan deterioradas que se hace necesario demolerlas para dar paso a la construcción de algo totalmente nuevo. Eso es justamente lo que Dios hará, habrá un fin del siglo, un fin para la tierra y los cielos que conocemos. Entonces surgirá una nueva tierra y nuevos cielos donde impere la justicia. El Señor dice que ese día los malos serán separados de los justos. ¿Quiénes son los justos? Los que han creído en Jesucristo, se hayan arrepentido de sus pecados y aceptado la justificación por gracia mediante la fe. Los demás seguirán en el grupo de los malos, donde estuvimos todos, y su destino será el castigo eterno. Dios te bendiga.

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