Las Riquezas y el Reino de Dios

Entonces Jesús dijo a Sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el Reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el Reino de Dios.

Mateo 19:23-24

Estas son las palabras de nuestro Señor: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el Reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el Reino de Dios. En los últimos años, por el contrario, se ha extendido una doctrina que pretende desmentir lo que está escrito en Mateo 19:23-24. Bajo la premisa de que somos hijos del Rey de reyes, el dueño del oro y la plata, se predica que somos llamados a ser prosperados en lo material. También se predica que quien está pobre es porque vive en pecado.

Si Jesucristo dijo que es muy difícil para un rico entrar en el Reino de Dios, es necesario que le prestemos mucha atención a Sus palabras. Nos pueden traer una predicación diferente a eso; pero no creo que ningún pastor, sacerdote, apóstol, profeta o como quiera llamarse pueda conocer más de Dios y Sus planes que el propio Hijo de Dios. No sé tú a quién le vas a creer, pero en lo que a mí respecta, he decidido creerle a Cristo. Veo en Sus palabras que las riquezas pueden bien ser un obstáculo para entrar en el Reino de los cielos.

Me podrías preguntar entonces, ¿los que predican sobre prosperidad están errados? Para que no me señalen como que los estoy juzgando, que sea la propia palabra de Dios la que juzgue. Lucas 16:13 dice así: Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Quien es un siervo de Dios no puede ser simultáneamente un siervo de las riquezas. De la misma manera que un bígamo no puede amar a la vez a sus dos mujeres, así pasa con el siervo de dos señores.

Por lo tanto, si le servimos a Dios y a Su Reino, debemos predicarle a Él, darle protagonismo a Él, no poner por lo alto a la prosperidad y presentar a Dios solamente como un facilitador de nuestros deseos. Nuestra adoración a Dios no puede basarse en que nos hará ricos sino en quien es Él. Dice Lucas 6:45: El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca. Si hablamos más de riquezas que de Dios, nuestro corazón está con el dinero.

Y si la abundancia de nuestro corazón son las riquezas, entonces nuestro amor es para las riquezas no para Dios. Y si decimos que le servimos a Dios mientras nuestro corazón está con el dinero, es obvio que ese es el amo que estimamos, lo cual indica que menospreciamos a Dios. La Biblia dice en 1 Timoteo 6:9-10: Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.

No caigamos en la tentación de enriquecernos. Dejemos de lado las codicias necias y dañosas que nos hunden en destrucción y perdición. El amor al dinero es el principio de todos los males, siendo la consecuencia más nefasta la exclusión del Reino de Dios. No nos extraviemos de la fe verdadera por seguir doctrinas mundanas disfrazadas de cristianas. Dios te bendiga.

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