Dios Nos Perfecciona

Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a Su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, Él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.

1 Pedro 5:10

Las mejores cosas cuestan más, de eso que no quepa ninguna duda. En el plano material, la mejor ropa, el mejor automóvil o el mejor vino, siempre tendrán un precio más alto que lo normal. Si pasamos un día junto al mejor atleta de cualquier deporte, podríamos darnos cuenta de que él no depende tan solo de su talento natural sino que se dedica a entrenar muchas horas cada día a fin de perfeccionar sus habilidades. En lo espiritual, Jesucristo es nuestro entrenador y seremos sometidos a pruebas con el fin de ser perfeccionados por Dios.

Podría decirse que Michael Jordan es el mejor jugador de baloncesto de la historia de la NBA. ESPN lo ha votado el mejor atleta del siglo XX, derrotando al boxeador Muhammad Alí y al beisbolista Babe Ruth. Jordan fue un atleta con un don natural que tenía un ferviente deseo de mejorar. Trabajó duro para ser más atlético, fortalecerse y desarrollar sus habilidades. Cuando Jordan fue reclutado por los Chicago Bulls en 1984, luego de una estelar carrera universitaria en Carolina del Norte, él parecía tener una gran carrera por venir debido a sus habilidades de carrera y salto.

Jordan se veía como un jugador que podía llegar al aro a voluntad debido a su rapidez, pero no tenía capacidad de lanzamiento desde afuera ni fuerza física. En su temporada de novato fue una revelación. Haciendo uso de su rapidez y capacidad de salto, anotó 28.2 puntos por juego 51.5% lanzamientos desde el campo y 5.9 asistencias por juego. Sin embargo, sabía que tenía que trabajar en su fuerza, ya que podía ser empujado al meterse en el juego, y debía saber utilizar su potencia.

El segundo año de Jordan fue corto debido a una lesión en su tobillo. Sin embargo, luego de recuperarse, decidió que su juego fuera más completo. Jordan siempre había sido un “ratón de gimnasio” en sus épocas de jugador joven, pero luego se concentró en entrenar su fuerza. Aunque levantaba pesas, se centraba en los ejercicios de desarrollo corporal. Los ejercicios desarrollaron su fuerza corporal. Todo esto le permitió a Jordan fortalecerse más que los rivales. Sin lugar a dudas que Jordan se perfeccionó hasta convertirse en el mejor atleta del siglo XX.

Como hijos de Dios somos llamados a la excelencia pues debemos ser luz del mundo. Si tenemos por Padre al Altísimo, no debemos conformarnos con continuar en la mediocridad sino que nuestro anhelo debería ser buscar mostrar con dignidad de quién somos hijos. La perfección es un proceso de duras pruebas, de dolor, de tribulaciones, de pasar a través del desierto y de dejarnos guiar por el Espíritu de Dios en todo tiempo, Así como Jordan tuvo un entrenador que lo ayudó a perfeccionarse, afirmarse, fortalecerse y establecerse como el mejor atleta y pagó un alto precio, nosotros seremos sometidos a prueba en lo espiritual en esta vida.

En 1 Pedro 5:10 vemos que el fin de nuestro perfeccionamiento en el llamado que tenemos a la gloria eterna en Jesucristo. La Biblia nunca oculta la verdad y nos dice que vamos a padecer por un tiempo; pero es el Dios de toda gracia quien se está encargando de perfeccionarnos, afirmarnos, fortalecernos y establecernos como herederos de Su Reino. Dios te bendiga.

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